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François Hollande, expresidente y ahora candidato de la izquierda: “La democracia es frágil, y no solo en Francia”

El dirigente socialista irrita a su discípulo Macron al volver al ruedo electoral y presentarse en su viejo feudo rural de Corrèze

MARC BASSETS

François Hollande ha regresado. Y viéndolo hacer campaña en su feudo de toda la vida queda una sensación extraña. En Tulle, en el departamento rural de Corrèze, lo quieren, y él se deja querer, y saluda a todo el mundo, firma autógrafos y recuerda rostros y nombres como los políticos de antes. “Aquí él está en casa”, dice un jubilado que acaba de asistir al mitin del expresidente francés. “Es muy popular en Tulle”.

El socialista Hollande, hoy candidato por la coalición de izquierdas Nuevo Frente Popular a las elecciones legislativas de este domingo, está en su elemento. Se nota que echaba de menos las campañas. Hizo muchas en Corrèze, en el centro de Francia, lejos de todo, donde se forjó como político y fue diputado antes que presidente, igual que uno de sus antecesores en el mismo distrito, Jacques Chirac.

Después de siete años lejos del poder y más de una década lejos de las campañas electorales, Hollande dice que no es el momento de rehuir las responsabilidades. Sostiene que, si había un momento para saltar de nuevo al ruedo, era este, cuando el Reagrupamiento Nacional (RN) de Marine Le Pen se encuentra a las puertas del poder.

“¿Acaso soy presa de una especie de vértigo y retorno a los años de juventud para rechazar el inexorable envejecimiento que, como a los demás, a mí me alcanza?”, arrancó el discurso del jueves por la noche en una sala de actos en Tulle. Risas en la sala. Y semblantes más serios cuando añadió: “No, si estoy aquí es porque la hora es grave y porque he considerado que todos debemos hacer algo más que simplemente votar: comprometernos”.

Hollande saludaba a unos simpatizantes, el jueves en Tulle.
Hollande saludaba a unos simpatizantes, el jueves en Tulle.ÓSCAR CORRAL

Hollande hablará durante 40 minutos ante una sala donde la media de edad sobrepasa los 50 años. Después, declarará a EL PAÍS: “No creo que la democracia esté en peligro en el sentido de que un partido tome el poder y suprima las elecciones, no. Pero la democracia, en el sentido de la representación de los partidos, de tener alternancias que puedan ser creíbles, es frágil, y no solo en Francia. Por doquier hay un desmoronamiento de la vida política, un debilitamiento de los partidos y esto es un peligro para todas las democracias”.

Estas son unas elecciones anómalas, por varios motivos. Por la convocatoria sorpresa anunciada por el presidente Emmanuel Macron en la noche del 9 de junio tras encajar en las europeas la peor derrota electoral de su carrera. Y por la rapidez de la campaña, solo tres semanas. Sobre todo, porque las legislativas, cuya segunda vuelta se celebrará el 7 de julio, pueden desembocar en un Gobierno y un primer ministro de extrema derecha.

Entre las anomalías, hay otra: la de un expresidente que aspira a ser diputado. No es el primero. Si sale elegido, seguiría los pasos de otro de sus antecesores, Valéry Giscard D’Estaing, quien ocupó un escaño en la Asamblea Nacional después de haber sido, como Hollande, un presidente de un solo mandato, y de haber abandonado el Elíseo con una popularidad por los suelos.

Lo excepcional, en el caso de Hollande, es que se presenta por una coalición que incluye a algunos de sus más feroces críticos cuando entre 2012 y 2017 ocupó la jefatura del Estado. De Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa (LFI), Hollande decía que era “el problema de la izquierda”, y en el mitin le lanzó una de sus ironías. Se quejaba el expresidente de que los macronistas y la derecha demonizan a LFI para asustar a los votantes, como décadas atrás se les asustaba con los comunistas y el peligro de la URSS. “Es como si ahora LFI se hubiese vuelto el Sóviet Supremo”, dijo, y parecía que estuviese defendiendo a LFI, pero matizó: “Aunque en algunos puntos y a veces lo sea…” Más risas.

Otro rasgo excepcional de esta campaña: en Corrèze se desarrolla un nuevo capítulo en una de estas historias de traición y venganza que tanto abundan en la política francesa. Hollande se enfrenta estos días al RN, pero también a su discípulo más avanzado. Se trata de Macron, el hombre que fue su precoz consejero económico y ministro de Economía; el que, según el propio Hollande, le traicionó “metódicamente” para presentarse a las presidenciales de 2017, ganarlas y liquidarle políticamente.

¿La hora de la venganza para Hollande? “¡Él está muy por encima de esto!”, le defiende entre el público de Tulle una simpatizante socialista. “Si fuese para ajustar cuentas”, se defiende el propio Hollande al terminar el acto, “yo lo habría expresado de otra manera”.

La candidatura de Hollande junto a la izquierda en estas legislativas fue un golpe para Macron. Porque Hollande es un socialista moderado, con una visión similar a la de Macron sobre la UE y el mundo, y una política económica que no fue tan distinta. El apoyo de alguien como él a una coalición de izquierdas que incluye a los radicales de Mélenchon es una manera de decir al votante socialdemócrata que duda entre el macronismo y una izquierda a la que Macron califica de extremista: “Puedes votar al Nuevo Frente Popular sin problemas de conciencia”.

Macron respondió al movimiento de Hollande con otra venganza. Su candidatura, Ensemble, decidió no presentar candidato a su circunscripción de Corrèze y pidió el voto para el rival del expresidente en la derecha de Los Republicanos, el diputado François Dubois. Y eso, pese a que Dubois votó hace un año a favor de una moción de censura fallida contra el Gobierno de Macron. Todo perdonado a Dubois; nada a Hollande, quien comenta: “Es verdad que sobre el plano de las reglas humanas daría mucho que hablar…”.

Simpatizantes de Hollande, el jueves en el mitin en Tulle.
Simpatizantes de Hollande, el jueves en el mitin en Tulle.ÓSCAR CORRAL

Ni vanidad por vivir una segunda juventud política, según Hollande, ni ánimo vengativo: “Lo que me ha decidido a salir de mi reserva es la toma de conciencia del riesgo que corre mi país.” “Mañana”, anticipa el presidente en el mitin, “puede ser un día particularmente oscuro”.

“La hora es grave”, repetirá, y, a las preguntas de EL PAÍS, afirma: “Si la extrema derecha llega al poder en Francia, hay que tomar conciencia de que Europa va a detenerse. La decisión que tomará el pueblo francés va más allá de las fronteras de Francia”.

Hay poca prensa en el mitin, casi toda local, y la de fuera llama la atención. “En esta sala, he visto a unos periodistas españoles”, observa en su discurso el telonero de Hollande, su candidato suplente Philippe Brugère. “Y pienso en ellos, pienso en el eslogan de los republicanos españoles en 1936. Cantadlo conmigo: No pasarán, no pasarán, no pasarán”. La sala se unió al coro y Hollande subió al estrado: su último combate.

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