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Cultura

El Esperanto hubiera podido ser el idioma universal

La idea de un idioma universal no es nueva. El griego antiguo y el latín fueron ya más o menos
universales en lo que fue la cuna de la civilización europea. Posteriormente, durante la Edad Media y el Renacimiento el latín era muy usado en Europa, y los grandes hombres de la época escribían sus libros en latín y hablaban a sus discípulos en dicho idioma. Hoy en día, gracias a la expansión del Imperio Británico y al inmenso crecimiento económico de Estados Unidos, el inglés se ha convertido en la lengua de las relaciones internacionales.

Sin embargo, los proyectos de idiomas artificiales han sido numerosos a lo largo de la historia y
a partir del siglo XVII ha habido centenares de ellos. Uno muy curioso fue el llamado idioma musical
universal o Solresol, cuyas palabras se formaban con siete sílabas equivalentes a las siete notas musicales.
El autor de esta lengua pretendía que las personas que lo supieran pudieran entenderse sin necesidad de hablar, empleando simplemente un instrumento musical y tocando las notas correspondientes. También se podría hablar cantando.

El primer proyecto de idioma internacional que tuvo cierto éxito fue el Volapük, publicado en el
año 1880 por un sacerdote alemán. El Volapük tenía una estructura parecida a la de los idiomas naturales,pero sin ninguna ventaja particular sobre ellos, aparte del hecho que era un idioma neutral.

El Volapük tuvo un éxito inicial considerable debido al deseo de muchas personas de tener un idioma internacional, pero rápidamente dejó de usarse prácticamente por completo.

Así pues, un poco más tarde, exactamente el 26 de julio de 1887, apareció en Varsovia el folleto
“Lingvo Internacia” del Dr. Esperanto, que dio a conocer una nueva lengua artificial: el esperanto. El autor era un médico polaco de origen judío apellidado Zamenhof. El idioma de Zamenhof era superior a todos los idiomas que se habían presentado hasta entonces, y no ha sido superado por los proyectos que han aparecido posteriormente, la mayor parte de los cuales no son más que copias de este.

Zamenhof nació en Polonia en 1859, en una población con gran mezcla de razas y nacionalidades:
lituanos, polacos, alemanes, judíos y rusos. Cada uno de estos grupos se mantenía estrictamente dentro de sus estrechos límites y despreciaba a los demás. A Zamenhof le habían enseñado en su casa que todos los hombres eran hermanos, pero el espectáculo que presenciaba a diario en las calles de su ciudad nativa contradecía estos principios. Es así como, ya de niño, Zamenhof se propuso crear un idioma internacional que uniera a todas las personas sin importar la cultura o religión con el fin de acabar con los conflictos y las guerras.

Para la formación del esperanto, y después de estudiar numerosas lenguas, Zamenhof tomó
como base la gramática inglesa y se dedicó a eliminar las irregularidades que existían. Así, llegó a formar  una gramática, no ya de varias páginas, sino que cabía en una sola. El vocabulario, por otro lado, se basaba en un sencillo sistema de raíces y afijos. Estas características gramaticales hacen que el esperanto sea el idioma del mundo más sencillo de aprender. Desde entonces, el esperanto ha demostrado ser un idioma completo, capaz de expresar ideas profundas o matices humanos y perfectamente equiparable con otros idiomas con muchos más siglos de antigüedad.

Después de darse a conocer, el número de hablantes de esperanto creció rápidamente en las
primeras décadas, sobre todo en Europa, y luego en América, China y Japón. E, incluso, a principios del siglo XX hubo planes de establecer el primer Estado esperantista en el territorio neutral de Moresnet (entre Alemania, Bélgica y los Países Bajos). A lo largo del siglo XX, sin embargo, el impulso inicial fue perdiendo fuerza.

Hoy en día, el esperanto no tiene estatus oficial en ningún país, pero es parte de planes electivos
del temario educativo en varios países, especialmente en China y Hungría. Y la Asociación Universal de Esperanto tiene relaciones oficiales con la Organización de las Naciones Unidas y la Unesco. Aunque, ciertamente, el esperanto tuvo su mayor auge en la primera mitad del siglo pasado, esto no significa que hoy en día haya desaparecido. Actualmente, se estima que existen más de 30.000 obras escritas en esperanto y cada año se suman nuevos textos literarios, canciones e incluso películas

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