El dólar tocó su punto más bajo en cuatro meses, mientras que la divisa japonesa sigue el camino opuesto y tocó su techo desde noviembre, luego de que la Reserva Federal diera indicios de una intervención coordinada con el gobierno nipón.

La intervención sobre el yen no está exenta de costos, ya que podría afectar a los bonos del Tesoro de EEUU.
En el mercado, ese tipo de accionar por parte del banco central norteamericano —conocida como ‘rate check’ (chequeo de tasa)— se entiende como una señal de que las autoridades norteamericanas se están planteando intervenir.
La suba del yen y la depreciación del dólar
Como consecuencia de esas últimas medidas, este lunes el yen subió hasta un 1,5% hasta alcanzar los 153,30 por dólar, su nivel más alto desde principios de noviembre, debido a que ambas noticias obligaron a muchos inversores que estaban apostando contra el yen a cerrar sus posiciones bajistas.
Su última cotización este lunes fue de 153,85. En este contexto, la bolsa bursátil también acusó el golpe en el país del sol naciente: el Nikkei 225 cerró con una caída de 1,79%.
En paralelo a esta situación, el Gobierno japonés elevó el tono de sus declaraciones. La primera ministra, Sanae Takaichi, advirtió de que su Ejecutivo tomará “las medidas necesarias” frente a los movimientos especulativos.
A su vez, la ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, y el principal funcionario japonés en materia de divisas, Atsushi Mimura, han insistido en que Tokio mantiene una “estrecha coordinación” con Estados Unidos y está dispuesto a “actuar de forma apropiada”.
Se tratan de declaraciones que le suman volatilidad a un escenario ya volátil en Japón, con elecciones programadas para el próximo 8 de febrero y dudas crecientes sobre la sostenibilidad de la deuda pública del gobierno de Takaichi, que aboga como parte de su campaña electoral por nuevos recortes de impuestos.
«A principios de la semana pasada los rendimientos de los JGBs volaron y eso generó un efecto cascada en el tramo largo de los Treasuries«, explicaron desde Portfolio Personal Inversores (PPI).
Comentaron que los inversores japoneses, «que tienen cerca de u$s5 billones colocados en el exterior, podrían encontrar más atractivo volver al mercado local» luego de las últimas fluctuaciones en el mercado. Si ese proceso se acelera, agregaron que «venderían Treasuries de forma significativa para repatriar capital«.
Por su parte, el índice del dólar estadounidense, que mide la fortaleza de la moneda norteamericana frente a una canasta de seis divisas, baja un 0,3% hasta alcanzar un mínimo de cuatro meses de 97,15.
Los riesgos de una intervención
De todas maneras, la intervención sobre el yen no está exenta de costos. Japón también tendría que vender una parte de sus tenencias de bonos del Tesoro estadounidense si quisiera llevar a cabo una intervención sostenida de compra de yenes, una medida que podría hacer subir los rendimientos de los papeles estadounidenses, algo que Washington busca evitar a toda costa.
Incluso si EEUU estuviera de acuerdo, Japón, según la normativa, necesitaría obtener el consentimiento de otros países del G7 para intervenir en el mercado. La última vez que los países del G7, entre los que se incluye Japón, tomaron medidas coordinadas sobre el yen fue en 2011, cuando el gran terremoto y tsunami que golpeó al archipiélago provocó una subida repentina de la moneda.
Por si fuera poco, el BoJ también se encuentra en una situación delicada, atrapado entre la necesidad de frenar la fuerte caída del yen y la de evitar provocar un aumento de los rendimientos de los bonos del gobierno japonés con comentarios excesivamente «hawkish», es decir, a favor de tasas de interés más altas.

