Vladimir Putin dice que aprendió de los pleitos de su infancia en su San Petersburgo natal: “Si quieres ganar una pelea, tienes que llevarla hasta el final, como si fuera la batalla más decisiva de tu vida”.

Esa lección, citada en la biografía más reciente del presidente ruso, parece guiarlo mientras su invasión a Ucrania sufre reveses y estancamientos. El hombre fuerte del Kremlin, quien comenzó la guerra el 24 de febrero de 2022 y podría terminarla en un minuto, parece determinado a prevalecer, sin piedad y a toda costa.

Avivó a sus compatriotas este mes durante el 80 aniversario de la Batalla de Stalingrado, que cambió la suerte de Moscú en la Segunda Guerra Mundial, al declarar: “La voluntad de ir más allá por el bien de la Madre Patria y la verdad, de hacer lo imposible, siempre ha estado y permanece en la sangre, en el carácter de nuestro pueblo multiétnico”.

Sin embargo, hasta ahora, la apuesta de Putin de invadir a su vecino más pequeño y más débil parece haberle salido estrepitosamente mal y ha creado la mayor amenaza para su gobierno de más de dos décadas.

HISTORIA Y OBSTÁCULOS MODERNOS

Putin inició la “operación militar especial” en nombre de la desmilitarización y “desnazificación” de Ucrania, alegando que buscaba proteger a los rusos étnicos, evitar la integración de Kiev a la OTAN y mantenerla en la “esfera de influencia” de Rusia. Mientras él afirma que Ucrania y Occidente provocaron la invasión, ellos dicen justo lo contrario: que fue un acto de agresión ilegal y descarado contra un país con un gobierno elegido democráticamente y un presidente judío cuyos familiares fueron asesinados en el Holocausto.

Putin sentó las bases para la invasión con un ensayo de 5.000 palabras en 2021, donde cuestionó la legitimidad de Ucrania como nación. Ese fue sólo el último capítulo de una larga obsesión con ese país y una determinación para corregir lo que cree que fue un error histórico al dejarlo escapar de la órbita de Moscú. Se remontó tres siglos, hasta Pedro el Grande, para apoyar su intento de reconquistar el que ve como un merecido territorio ruso.

No obstante, al tratar de rectificar la historia se encontró pronto con obstáculos modernos.

“Literalmente, todo lo que se propuso lograr ha resultado desastrosamente mal”, expresa Philip Short, un periodista británico que el año pasado publicó su biografía, “Putin”.

A pesar de las intervenciones armadas en Chechenia, Siria y Georgia, Putin sobreestimó a su ejército y subestimó la resistencia ucraniana y el apoyo occidental. Los medios rusos intentan potenciar su autoridad con imágenes de un Putin con el torso desnudo montado en un caballo, disparando en un campo de tiro militar y denigrando a los funcionarios de su gobierno en la televisión, pero la guerra ha expuesto sus defectos y la debilidad de su ejército, de sus servicios de inteligencia y de algunos sectores económicos.

Las fuerzas ucranianas han liberado más de la mitad del territorio del que se apoderó Rusia. La guerra ha matado a decenas de miles de personas de ambos bandos, ha causado una destrucción generalizada e indujo no sólo a Ucrania, sino también a Suecia y Finlandia a solicitar la membresía en la OTAN. Ha incrementado la amenaza a la seguridad de Rusia y ha saboteado décadas de integración de Rusia con Occidente, lo que trajo un aislamiento internacional.

Cada vez más, Putin parece improvisar en un conflicto mucho más largo y más difícil de lo que esperaba. Por ejemplo, amenazó con usar armas nucleares y luego se retractó. La estrategia es familiar de su pasión de toda la vida, el judo: “Debes ser flexible. A veces puedes ceder a otros si ese es el camino que conduce a la victoria”, relató Putin en entrevistas halagadoras de 2015 a 2017 con el director estadounidense Oliver Stone.

Putin tiene la idea de que un Occidente agresivo quiere aplastar a Rusia. Su narrativa, junto con medidas cada vez más represivas para sofocar la disidencia interna, ha reactivado el apoyo patriótico entre muchos de sus compatriotas, pero se enfrenta con una estructura de poder ineficaz y descendente heredada de la Unión Soviética, con las fronteras porosas del mundo interconectado y contra los sacrificios que los rusos sufren de primera mano.

UN LÍDER ERRÁTICO, PERO DETERMINADO

En entrevistas con The Associated Press, Short, otros analistas y un ex miembro del Kremlin describen a Putin, de 70 años, como un líder errático y debilitado, de pensamiento rígido y obsoleto, que se extralimitó y que está en estado de negación de las dificultades.

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Dicen que parece preocupado por una opinión pública nacional que mengua, pero todavía fuerte, aunque en encuestas poco confiables. Aislado principalmente debido a las preocupaciones por el COVID-19 y su seguridad personal, Putin habla con un pequeño grupo de asesores, pero ellos parecen reacios a brindar evaluaciones honestas.

Los observadores ven una guerra larga y agotadora que Putin está decidido a ganar, con una salida suya difícil de predecir.

“No es Putin quien gobierna Rusia. Son las circunstancias las que gobiernan a Putin”, comenta Tatiana Stanovaya, miembro sénior del grupo independiente de análisis geopolítico Carnegie Endowment for International Peace (Fundación Carnegie por la Paz Internacional).

Short cree que el líder del Kremlin “se ha arrinconado a sí mismo… Busca maneras de seguir adelante, pero no creo que las haya encontrado”. Que se dé por vencido es poco probable, opina Short, quien recuerda que “su carácter siempre fue redoblar esfuerzos y luchar más duro”.

Fiona Hill, quien trabajó en las últimas tres administraciones de Estados Unidos y es miembro sénior de la Brookings Institution (Institución Brookings, una organización de políticas públicas sin fines de lucro), cree que Putin quería ganar rápidamente en Ucrania, instalar un nuevo presidente en Kiev y obligarlo a unirse a Bielorrusia en una unión eslava con Rusia. Un sucesor gobernaría Rusia, agrega, y Putin se ascendería a sí mismo para liderar la alianza mayor.

Pero ahora, según Stanovaya, “parece que no hay ninguna esperanza de que el conflicto pueda resolverse de alguna otra manera que no sea militarmente. Y esto da miedo”.

QUÉ HAY POR DELANTE

Los analistas ven varios escenarios para Putin que dependen de lo que ocurra en el campo de batalla. Dichos escenarios, que no son excluyentes entre sí, van desde lo que podría ser su mayor pesadilla —un golpe o levantamientos como los que vio como agente de la KGB en Alemania Oriental en 1989, en la URSS en 1991 o Ucrania en 2004 y 2014— hasta ganar la reelección el año próximo. Eso extendería lo que ya es el gobierno más largo de cualquier líder del Kremlin desde Josef Stalin.

Dmitry Oreshkin, analista político y profesor de la Universidad Libre, en Riga, Letonia, cree que Putin podría actualizar sus objetivos en Ucrania y declarar que los alcanzó al establecer un corredor terrestre de Rusia a Crimea y tomar el control de las regiones de Donetsk y Luhansk en el este. Después podría anunciar: “Los castigamos. Les mostramos quién manda en casa. Hemos derrotado a todos los países de la OTAN”, agrega Oreshkin.

Pero Kiev no ha mostrado voluntad de ceder territorio, y para que Putin venda esto como una victoria, Oreshkin cree que “tiene que convencerse a sí mismo de que derrotó a Ucrania. Y él entiende mejor que nadie que, de hecho, perdió”.

A medida que aumentan los reveses militares, los rusos se retiran moral y psicológicamente y piensan: “Sí, vemos que algo anda mal en la guerra, pero no queremos saberlo”, según Oreshkin.

Tal desconexión, aunada a las dificultades económicas, quizás podría estallarle a Putin, asevera, esta primavera, porque los rusos preguntan: “Prometiste la victoria, así que, ¿dónde está?”.

Abbas Gallyamov, exredactor de discursos de Putin, explica que el presidente ruso no admite errores ni derrotas, y que “necesita desesperadamente una victoria solo para demostrar que es un hombre con gran poder y control”. Incluso algunos en el ejército se han vuelto críticos, agrega. “Cuando sea odiado por más de la mitad —y vamos rumbo a esa dirección—, las posibilidades de un golpe, un golpe de élite, un golpe militar, aumentarán”, advierte Gallyamov, quien da un lapso para 2024 “más un par de años”.

Stanovaya y Short creen que no es inminente un levantamiento. “Incluso si la gente sufre y puede estar descontenta y enojada, no hay forma de convertirlo en algo político”, prevé Stanovaya.

Gallyamov ve una salida para Putin si puede obtener el reconocimiento de “nuevos territorios, más una declaración de la OTAN de que detendrá su expansión, por ejemplo, o que Ucrania incluirá en su constitución su estado neutral… o su declaración de que el ruso será el segundo idioma oficial”.

MUERTE O SUCESIÓN

Otra posibilidad es que Putin muera en el cargo, pero William Burns, director de la CIA, se muestra escéptico.

“Hay muchos rumores sobre la salud del presidente Putin, y, hasta donde sabemos, goza de perfecta salud”, afirmó Burns, exembajador de Estados Unidos en Moscú, durante el Aspen Security Forum (Foro de Seguridad de Aspen) en Colorado en julio.

Short explica que Putin ha establecido controles de seguridad y centros de poder rivales tan estrictos que es más probable que sufra “un ataque cardíaco totalmente inesperado a que sea derrocado por las personas que lo rodean”.

Él y Hill creen que al final Putin buscará un sucesor. Gallyamov enumera como posibilidades a “tecnócratas” como Sergei Sobyanin, alcalde de Moscú, y Mikhail Mishustin, el primer ministro. Hill cree que Dmitry Medvedev, a quien Putin eligió como presidente de 2008 a 2012, “parece audicionar para ese papel nuevamente”.

Por el momento, Putin sigue muy al frente. En su biografía autorizada del 2000, señaló: “Siempre se cometen muchos errores en la guerra… Debes adoptar una actitud pragmática. Y tienes que seguir pensando en la victoria”.

Cuando un reportero le preguntó en diciembre si su “operación militar especial” en Ucrania se había demorado demasiado, Putin respondió con un refrán ruso sobre alcanzar grandes objetivos gradualmente: “La gallina picotea grano por grano”.