El Gobierno y el Ejército de Israel se han visto envueltos durante los últimos días en una serie de desencuentros que suponen un reflejo de un aumento de las tensiones internas en torno a la estrategia de seguridad tras los ataques ejecutados el 7 de octubre por el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás). Todo ello llevó a las autoridades israelíes a lanzar una ofensiva contra la Franja de Gaza y a la apertura de otros frentes en el resto de fronteras de Israel.
Los ataques perpetrados por Hamás y otras facciones palestinas, que se saldaron con cerca de 1.200 muertos y unos 240 secuestrados, llevaron a Israel a desatar una cruenta ofensiva contra Gaza, que hasta ahora deja más de 37.400 muertos y a incrementar sus operaciones en Cisjordania y Jerusalén Este, con más de 520 palestinos fallecidos a manos de las fuerzas israelíes y en ataques ejecutados por colonos.
El avance de la ofensiva tras los atentados, considerados uno de los fallos de seguridad más graves de Israel desde su creación en 1948, ha llevado a un desgaste de la imagen del país a nivel internacional, incluida la presión por parte de sus principales aliados, con Estados Unidos a la cabeza. A ello se suman las protestas contra el Gobierno y el surgimiento de grietas en la relación entre la administración civil y la cúpula militar.
Así, el aumento de la unidad interna en rechazo a los ataques por parte de las facciones palestinas, materializada en un gobierno de unidad y un gabinete de guerra al que se sumó Benny Gantz, una de las principales figuras de la oposición se ha ido desmoronando por la falta de un acuerdo de alto el fuego que implique la liberación de rehenes y un horizonte político al conflicto, aún no pergeñado por el Gobierno israelí.
Las tensiones por la falta de una ‘hoja de ruta’ en Gaza se han visto materializadas en la reciente salida de Gantz del gabinete de guerra, lo que llevó al primer ministro, Benjamin Netanyahu, a anunciar su disolución en medio de los llamamientos de ministros ultraderechistas a ser incluidos en el órgano, una muestra de la radicalización de las posturas del Gobierno que tomó posesión a principios de 2023, que integra a partidos ultraortodoxos y de extrema derecha.
Esta situación se ha visto seguida por un encontronazo público entre Netanyahu y el Ejército después de que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) anunciaran el 16 de junio la instauración de “pausas tácticas” en el sur de Gaza con el objetivo declarado de permitir la entrega de ayuda en esta zona del enclave, sumido en una profunda crisis humanitaria.
El comunicado del Ejército llegó ante el aumento de la presión internacional tras el inicio en mayo de una ofensiva contra Rafah, que provocó la suspensión de las operaciones humanitarias, y tras la orden de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) para el fin de los ataques contra la ciudad y la aplicación de medidas para permitir la entrada de ayuda al enclave, que se encontró con el rechazo frontal de Israel.
Tras el anuncio, Netanyahu afirmó que no había sido informado previamente sobre estas “pausas tácticas”, tildadas de “mentiras” por Hamás. Según Naciones Unidas, no han derivado en un aumento de la entrega de ayuda humanitaria a causa de la inseguridad y la falta de garantías para la distribución en una zona marcada por el conflicto y el descontrol en medio de una ofensiva que ha causado una enorme devastación en el enclave.
Netanyahu, que aseguró que habría una investigación en torno al anuncio de las “pausas”, que desataron además duras críticas a las FDI por parte de los sectores ultraderechistas del Gobierno, tuvo que salir posteriormente al paso de unas declaraciones del portavoz del Ejército, Daniel Hagari, quien sostuvo en una entrevista que Hamás representa “una ideología” que no puede ser eliminada en el contexto actual.
“Decir que vamos a lograr que Hamás desaparezca es engañar a la gente. Si no damos una alternativa, tendremos a Hamás”, manifestó, lo que provocó que la oficina del primer ministro emitiera rápidamente un comunicado para incidir en que “uno de los objetivos de la guerra es la destrucción de las capacidades militares y de gobierno de Hamás” y agregar que “las FDI están comprometidas con ello”.
El Ejército publicó también un comunicado para aclarar las palabras de Hagari ante la polémica y reiterar que su portavoz hizo referencia a Hamás “como una ideología“, nuevamente en medio de las dudas ante la falta de un plan para la etapa posterior al conflicto, incluido quién estará al frente del enclave, y las críticas a las autoridades por la falta de progresos tangibles en los objetivos fijados al lanzar la ofensiva.
A estos aspectos se suman las voces críticas por la estrategia en Gaza por parte del Gobierno, que ha rechazado hasta ahora la posibilidad de un acuerdo de alto el fuego y apuesta por la vía militar, ante el desgaste de las tropas y el incremento de las tensiones con Hizbulá en la frontera con Líbano, especialmente por el riesgo de un conflicto a gran escala en este frente.