Maria se graduó y consiguió una plaza en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología de Trondheim.
Su maestría en Ciencia, Sociedad y Tecnología eran los únicos documentos que tenía.
Así comenzó su vida como inmigrante indocumentada adulta o, a los ojos de la ley, inmigrante ilegal.
«Para mantenerme en la universidad, puse un anuncio en el periódico ofreciendo limpiar casas, pues me parecía la forma más honesta de ganar dinero, aunque no podía hacerlo de manera legal», cuenta.
«No podía tener ni una cuenta bancaria, ni siquiera un número de teléfono».
«El otro aspecto de ser indocumentado es que eres muy vulnerable si estás enfermo. Puedes confiar en la mayoría de los médicos, pero aún así te sientes muy inseguro porque cualquiera puede informarle a las autoridades y al día siguiente te pueden deportar», explica.
Debido a que Maria había permanecido en el país durante varios años después de que se levantara la solicitud de asilo de su familia, se enfrentaba a la deportación y a una prohibición de al menos 5 años para regresar a Noruega.
«Tenía mucho, mucho miedo, pero sentía que tenía que hacer lo correcto», narra.
«Sencillamente vi con claridad las opciones que tenía: o continuaba limpiando casas con una maestría y sin esperanza, y algún día alguien me denunciaría, sería expulsada y perdería a Noruega para siempre… o escribía un libro, contando cómo era ser indocumentado».
Sabía que la segunda opción era muy arriesgada: «Así, apoyaría la causa de muchas personas en la misma situación, y luego sería expulsada y vetada en todo caso».
No obstante, dice, «tenía claro que debía escogerla»: «Al menos así crearía algo impactante, y le daría un rostro a las personas que estaban en la misma situación».
