Política

López Aliaga, el Papa y el desaire en el Vaticano

El episodio del frustrado saludo entre el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, y el Papa León XIV ha sido presentado por la Municipalidad como una “maniobra política” en su contra. Pero si miramos el contexto con atención, parece más bien parte de una calculada campaña de reposicionamiento del alcalde en la escena política nacional.

López Aliaga sabe que su gestión enfrenta serios cuestionamientos: inseguridad, caos del transporte, falta de ejecución presupuestal y un estilo de gobierno confrontacional que no ha resuelto los problemas de Lima. Ante ello, ha buscado con insistencia fotografiarse junto a figuras internacionales de peso para proyectarse como un líder global, un “defensor de valores” frente al “caos moral” que denuncia en sus discursos. Esta vez, el escenario era ideal: el Vaticano, la Plaza de San Pedro y la posibilidad de entregarle las llaves de la ciudad al Papa.

Sin embargo, el Vaticano optó por la prudencia. La Santa Sede tiene protocolos claros para evitar que el Papa sea instrumentalizado políticamente. León XIV no está dispuesto a convertirse en actor de las disputas locales del Perú, menos aún a ser utilizado por un político cuyo estilo es percibido como matonesco, clasista y abiertamente confrontacional.

De soporte del Gobierno a “oposición”

El relato de “desaire” se convierte en un arma política útil para López Aliaga, que ahora busca presentarse como un opositor frontal al Ejecutivo. Pero la memoria de los limeños no puede ser tan corta: fue su partido, Renovación Popular, el que dio soporte político al actual gobierno desde el golpe de Estado de diciembre de 2022. Fueron sus votos, junto a los de otras bancadas conservadoras, los que legitimaron y sostuvieron a Dina Boluarte en el poder, aprobaron leyes cuestionadas y blindaron a personajes ligados al crimen organizado.

Que ahora el alcalde pretenda aparecer como adalid de la oposición es parte de una estrategia para llegar al 2026 con un discurso de ruptura, cuando en los hechos ha sido corresponsable de la deriva autoritaria, la represión y el pacto con el poder económico y mafioso que caracteriza a este gobierno.

Un mensaje a los ciudadanos

Los limeños y los peruanos en general deben mirar este episodio con ojo crítico. No se trata de un “ataque” contra la Municipalidad, sino de una decisión coherente del Vaticano que ha preferido no prestarse a un acto de propaganda política.

López Aliaga busca capitalizar la narrativa de víctima y construir una nueva imagen de “opositor” conveniente para las elecciones. La pregunta es si los ciudadanos permitirán que la fe, el Papa y los símbolos religiosos se utilicen como herramientas de marketing político.

La respuesta debería ser clara: la política peruana necesita transparencia, no más simulacros de santidad en campaña.

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