La policía de Tianjin ya utiliza unas gafas inteligentes en sus tareas diarias de patrulla, gestión del tráfico y servicios urbanos, una herramienta que integra tecnología propia y permite acceder a información en tiempo real, aunque su uso también ha generado importantes dudas sobre derechos y privacidad. El dispositivo funciona como una capa de información añadida al trabajo de los agentes: es capaz de reconocer texto, interpretar órdenes de voz y leer matrículas gracias a su cámara integrada, lo que permite realizar consultas de identidad o buscar datos asociados a personas o vehículos sin tener que abandonar el lugar donde se encuentra. Su precisión supera el 95% y los resultados se obtienen en cuestión de milisegundos, y además se ha diseñado para ser cómoda: pesa solo unos 40 gramos y ofrece una visión en primera persona más estable que las cámaras corporales tradicionales, aunque su autonomía se limita entre una hora y media y dos horas de uso continuo.
Sus aplicaciones ya son una realidad en la ciudad. Por ejemplo, durante una patrulla los agentes han podido localizar rápidamente a una persona mayor que no podía comunicar sus datos, permitiendo contactar con su familia en tan solo veinte minutos para ayudarle a regresar a casa. En el ámbito del tráfico, se utilizan especialmente en zonas como las entradas a los centros educativos: los padres registran previamente los datos de sus vehículos en una plataforma vinculada al sistema policial, lo que permite a los agentes identificar los coches autorizados, gestionar las paradas y desviar el tráfico en las horas de mayor congestión.
Este desarrollo no es algo nuevo ni aislado. En China ya se utilizaban gafas con reconocimiento facial desde 2018, como en la estación de tren de Zhengzhou para localizar personas buscadas o detectar fraudes de identidad. Ahora, sin embargo, se ha convertido en una parte más de un sistema tecnológico mucho más amplio: se emplean en distintas zonas del país, se coordinan con drones en operaciones importantes y existen planes para conectarlas también con perros robóticos, vehículos inteligentes y otros dispositivos. A pesar de los beneficios que aportan para agilizar los servicios y mejorar la seguridad, su uso masivo ha abierto un debate que va más allá de la eficiencia: cada vez es mayor la preocupación por el alcance de la vigilancia automatizada y por cómo se gestionan los datos personales de las personas que circulan por las calles.
