El Partido Aprista Peruano (APRA) es, sin duda, uno de los pilares de la historia política del Perú. Fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre, un líder de talla continental que luchó contra la oligarquía y el imperialismo, el aprismo marcó el siglo XX con su propuesta de justicia social, democracia y desarrollo para las mayorías. Fue perseguido, censurado y golpeado por los regímenes de su época precisamente por esa visión transformadora.
Sin embargo, con el paso del tiempo, el APRA fue mutando ideológicamente. Si bien se sigue autodefiniendo como un partido de izquierda democrática, para muchos esta etiqueta se ha convertido en un simple cliché. En la práctica, sus actuales dirigentes han adoptado posiciones políticas que en varias coyunturas los han alineado con la derecha más conservadora, perdiendo parte de su identidad original.
La conmemoración de los 95 años del APRA llega en un momento crucial: el Jurado Nacional de Elecciones ha restituido la militancia de 11 mil compañeros, abriendo el camino a unas elecciones internas donde las bases podrán elegir a los candidatos presidenciales y congresales para las elecciones generales de 2026. Mauricio Mulder y Jorge del Castillo, dos de los rostros más visibles del partido, han confirmado su participación en la fórmula presidencial interna, y han insistido en que el proceso será abierto y democrático.
En sus declaraciones, ambos dirigentes han recalcado que el APRA sigue siendo una “izquierda democrática” que busca cambios en el Perú respetando la libertad, los derechos y el orden constitucional. El planteamiento es correcto, pero el gran reto será que esta definición deje de ser retórica y se traduzca en propuestas concretas que respondan a las brechas sociales, la corrupción y la crisis de representación que enfrenta el país.
Un desafío de renovación real
El Perú necesita con urgencia un partido de corte socialdemócrata sólido, que defienda el Estado de derecho, impulse reformas económicas inclusivas y que pueda ser un contrapeso tanto al populismo autoritario como a la ultraderecha que gana terreno en el país.
El APRA tiene la oportunidad de volver a sus raíces ideológicas sin caer en dogmatismos, revitalizar su estructura con nuevos cuadros jóvenes y propuestas para el siglo XXI: transición energética, reactivación productiva con enfoque territorial, descentralización real, innovación educativa y fortalecimiento de las instituciones democráticas.
Un llamado a la autocrítica y al país
Para recuperar su lugar histórico, el APRA deberá mirar con honestidad su propio pasado reciente, reconocer los errores de gestión, los casos de corrupción que golpearon su imagen, y ofrecer una hoja de ruta clara que lo diferencie de la derecha tradicional y de la improvisación política.
Si logra reposicionarse como un partido de centroizquierda moderno, el APRA podría convertirse nuevamente en una fuerza decisiva para la gobernabilidad del Perú. Si no, corre el riesgo de seguir reduciéndose hasta ser irrelevante.
El 2026 puede ser el año de la resurrección o del ocaso definitivo del aprismo. La decisión está en manos de sus bases, y en su capacidad de ofrecer al país un proyecto serio de cambio en libertad.
