Economía

Cómo las crisis políticas llevaron a Perú a tener una «economía zombi» y acabaron con el mito de su crecimiento sin límites

Perú ha sido durante años un ejemplo de manejo macroeconómico.

Pese a la inestabilidad política permanente y los constantes cambios de presidente en los últimos años, el país ha logrado mantener saneadas sus cuentas públicas, atraer inversiones extranjeras significativas, seguir creciendo y mantener el valor de su moneda.

La aparente impermeabilidad de su economía a los vaivenes de su política es admirada y envidiada en otros países de América Latina castigados por las turbulencias financieras y ha contribuido a prolongar el relato de éxito que el país comenzó a escribir a principios de siglo, cuando tras agresivas reformas económicas superó la grave crisis que sufría y se sentaron las bases de décadas de expansión del PIB.

Pero los especialistas advierten que no es oro todo lo que reluce y, pese a sus indicadores positivos, los peruanos sí pagan un precio por la inestabilidad política y sus permanentes cambios de gobierno.

«Eso de que la economía y la política peruanas van por cuerdas separadas es una verdad a medias. Hay un punto a partir del cual la economía sí es afectada por la política», le dice a BBC Mundo Armando Mendoza, economista del Centro Peruano de Estudios Sociales.

Para él, Perú tiene hace tiempo «una economía que marcha en piloto automático, que marcha en modo zombi».

Dado que este domingo están llamados a elegir a su nuevo presidente y Congreso, analizamos el impacto para los peruanos de la tormenta de los últimos años.

Las bases de la fortaleza

La economía peruana cuenta con algunas fortalezas estructurales de las que se han beneficiado a lo largo de los años.

Es una economía abierta en la que en los últimos años los inversores han encontrado en general seguridad jurídica para invertir.

Un hombre descarga dos bombonas de gas de un camión.

Fuente de la imagen,Ernesto Benavides / Getty

Pie de foto,Los inversores aprecian que la peruana es una economía abierta

Al contrario que en otros países de la región habituados a los problemas financieras, Perú tiene una moneda, el sol, que ha sido de las más estables de América Latina.

Un factor clave ha sido la gestión del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) que, gracias a la autonomía que le concede la Constitución, se ha mantenido al margen de las disputas políticas y ha llevado a cabo una gestión guiada por criterios técnicos que los expertos reconocen como una de las claves fundamentales de la estabilidad macroeconómica del país.

Una «oportunidad perdida»

Durante las dos primeras décadas del siglo, Perú vio crecer su Producto Interno Bruto alrededor de un 4% cada año, superando en algunos años incluso la barrera del 10% de crecimiento interanual.

Sin embargo, el ritmo de crecimiento se ha venido ralentizando desde 2018, cuando Pedro Pablo Kuczynski presentó su renuncia a la presidencia y dio comienzo la caótica sucesión de presidentes, que llega a ocho desde entonces.

Si se dejan aparte los años de la pandemia, la economía peruana ha crecido un 2,3% en promedio desde 2022, lo que, según los expertos, se queda lejos de su potencial.

«La economía peruana sigue creciendo, pero hay un coste de oportunidad perdida. Si tuviéramos políticas sostenidas, no estaríamos creciendo 3%; probablemente estaríamos creciendo a niveles de 5 o 6%», indica Mendoza.

En la misma línea, Diego Macera, director del Instituto Peruano de Economía y miembro del directorio del BCRP, le dijo a BBC Mundo que Perú debería haberse beneficiado más de la actual coyuntura de precios altos del oro y el cobre, dos de las materias primas que más exporta.

«Con los precios internacionales como están y con la estabilidad macro que llevamos, no hay motivo por el que no pudiéramos estar creciendo por encima del 4,5% si hubiéramos tenido gobiernos medianamente predecibles y competentes».

Esto explica que, aunque el país haya vuelto a encadenar años de crecimiento económico, haya sido menor del esperado y aún no haya logrado volver a los niveles de pobreza (20% en 2019 frente a 27,6% en 2024) y empleo formal previos a la pandemia.

Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática, el ingreso real formal no regresó hasta 2024 a los niveles de 2019.

El ejemplo más claro del precio que pagan los peruanos por su inestabilidad política es 2023, año en que Pedro Castillo fue destituido y encarcelado por intento de golpe de Estado y se desataron protestas en todo el país.

Ese año la economía se contrajo un 0,55%. «Fue un año donde clarísimamente el desbarajuste político afectó la marcha de la economía», indica Mendoza.

Dos personas gritan junto a una valla colocada por la Policía en el centro de Lima.

Fuente de la imagen,Ernesto Benavides / Getty

Pie de foto,La economía se contrajo en 2023, cuando la caída de Pedro Castillo provocó meses de protestas.

El precio del «carrusel político»

Según Mendoza, cuando Perú entró en el «carrusel político» de los últimos años, «se hizo imposible tener políticas económicas sostenidas».

Macera recuerda que «los presidentes no han llegado en promedio a los dos años de duración en el cargo». El actual, José María Balcázar, fue elegido por el Congreso el pasado 18 de febrero en sustitución de José Jerí, destituido después de poco más de cuatro meses en el cargo.

Pero si los presidentes duran poco, menos aún lo hacen los ministros. «En promedio un ministro de Economía dura hoy 7 u 8 meses», señala Macera.

«Con esta volatilidad es bien complicado tener políticas de Estado medianamente consistentes y bien complicado para los actores privados tener claridad sobre quiénes son sus interlocutores dentro de los ministerios», añade.

El presidente de Perú, José María Balcázar, con la banda presidencial.

Fuente de la imagen,Jorge Cerdán / Getty

Pie de foto,Los presidentes duran poco en Perú. El actual, José María Balcázar, llegó al cargo en febrero y tendrá que dejarlo en julio.

Para sectores que requieren grandes inversiones y años de planificación, como la minería, uno de los principales motores económicos del país, tener certezas sobre las políticas que se seguirán en el país resulta clave a la hora de decidir y ejecutar inversiones.

«¿Cómo puedes hacer un planeamiento si los ministros y sus equipos cambian cada pocos meses?», se pregunta Macera.

Este año, además, el ciclo electoral agrava la incertidumbre que se ha convertido en rutina en Perú, ya que coinciden en unos pocos meses las elecciones generales (para elegir al presidente y al Congreso) con las regionales y locales, en que votarán por alcaldes y gobernadores.

A juzgar por el descontento de los votantes que reflejan las encuestas, es probable que decidan cambiar a la mayoría de los gobernantes del país.

Todas las encuestas muestran que los peruanos ven la corrupción como uno de los principales problemas de su país.

La vida política del Perú ha estado en los últimos años marcada por los escándalos que le han costado uno tras otro el cargo a casi todos los últimos mandatarios.

Mendoza lamenta que «segmentos significativos del Estado han sido capturados y depredados por mafias»: «Ya no es solo la corrupción tradicional sino delincuencia vinculada al crimen común».

Y las actividades delictivas tienen un impacto económico.

Según Macera, «hay una amplia agenda pendiente de combate a la minería ilegal, cuando estimamos que el año pasado hubo cerca de US$11.500 millones en exportaciones de oro ilegal, una cifra similar a lo que exportó la agroindustria peruana en 2014».

Qué puede pasar ahora

Todas las previsiones están ahora al albur de lo que suceda con la guerra en Medio Oriente, que ya ha provocado un encarecimiento del petróleo y podría provocar una recesión mundial si no termina pronto.

El Banco Central estima que el PIB peruano crecerá en 2026 un 2,9%, de nuevo un dato de crecimiento positivo que, de cumplirse las previsiones del banco, lo colocaría como la segunda economía de mayor crecimiento en la región, pero el escenario podría variar si el conflicto se prolonga.

Perú sigue beneficiándose de los altos precios de los metales, la estabilidad de su moneda y la solidez de sus cuentas públicas y se espera que la inversión y el empleo formal sigan aumentando.

Un hombre empuja un carro cargado con sacos en una concurrida calle de Lima.

Fuente de la imagen,Getty Images

Pie de foto,Se espera que el empleo formal siga aumentando en Perú en 2026.

El directorio del Banco Central también debe renovarse este año y esta será otra de las claves.

«El Banco tiene gran independencia en sus operaciones, pero la elección de los miembros del directorio dependerá del nuevo presidente y el nuevo Congreso», indica Macera.

Espera que haya un consenso para mantener como presidente a Julio Velarde, que lleva 20 años al frente de la institución y es ampliamente visto como uno de los garantes de la solidez macroeconómica peruana.

Pero eso, como casi todo en este año electoral, está por definir en Perú.

Los dirigentes que salgan de las urnas tendrán el desafío de propiciar que la economía abandone su «modo zombi» y ponerla a trabajar a pleno rendimiento por la cohesión social y el progreso de los peruanos.

Related posts

La gasolina sigue a la baja en pleno verano y llenar el depósito es hasta 5,7 euros más barato

Alba Rueda

PetroTal Perú supera expectativas tras producir alrededor de 17.733 barriles diarios de crudo en 2024

gigakorp

Algo nuevo, algo viejo y algo azul. El viejo dicho de las bodas es la síntesis de lo que representa Sébastien Lecornu como siguiente jefe del Gobierno francés, el quinto desde que comenzara la segunda legislatura de Emmanuel Macron. Hombre de confianza del presidente desde su llegada al poder en 2017, Lecornu promete ser una continuación política de los Ejecutivos previos designados por Macron. Ministro de Defensa durante el mayor rearme de Europa, el nuevo primer ministro es visto también como una posibilidad de mejorar las relaciones con las formaciones de derecha de la Asamblea Nacional, polarizada y hostil ante el Gobierno, y un mayor acento a la militarización. Su ideología neogaullista promete un giro hacia la derecha clásica francesa y el perfil negociador del normando puede ser un activo político de gran valor en una París incendiada políticamente. Lecornu tiene delante varios desafíos: encauzar las cuentas públicas, recuperar la confianza tanto dentro como fuera de Francia y preparar a la nación gala ante las nuevas amenazas, desde la geopolítica y la militarización hasta las crisis medioambientales y la desigualdad económica. Su elección ha sido criticada por los medios locales de «continuista», aunque esperan un giro hacia la derecha que trate de arrimarse a Agrupación Nacional, formación encabezada por Javier Bardella y Marine Le Pen, para desbloquear los presupuestos.»Por desgracia, nací viejo». Con estas palabras suele presentarse quien ha sido hasta ahora el ministro de Defensa más joven de Francia desde los tiempos de la Revolución. La elección de Lecornu, un neogaullista como suele identificarse, virará el Ejecutivo francés hacia posiciones más clásicas dentro de la derecha republicana. Para Macron, representa un alivio frente a Bayrou. Según los medios franceses, el presidente llevaba tiempo queriendo poner a Lecornu al frente del Gobierno para que se hiciera cargo de la política francesa. Poco a poco ha ido quemando los cartuchos hasta que ha podido elegir a su candidato ideal. Lecornu, exmiembro de Los Republicanos, se adhirió al movimiento macronista a mediados de la década pasada, cuando el político nativo de Amiens ganó las presidenciales frente a Le Pen en 2017. Desde ese momento, Lecornu ha estado presente en todos los Gobiernos de Macron. Como ministro de Asuntos Locales, Lecornu fue el primer espada en la gira que Macron hizo al campo para calmar el movimiento de los chalecos amarillos, lo que le granjeó una confianza personal con el presidente. De ahí pasó a gestionar la cartera de Ultramar, un ministerio complejo en la política francesa al tener que gestionar tantos territorios diversos y con fuertes movimientos independentistas. El protagonismo de Lecornu llegó tras las elecciones de 2022, en las que Macron revalidó un segundo mandato. Al estar compartido el Poder Ejecutivo en Francia entre presidente y primer ministro, el jefe del Estado suele establecer las líneas generales en el plano doméstico y se centra en la política exterior y militar. La llegada de Lecornu al Ministerio de las Fuerzas Armadas de Francia, como se denomina oficialmente, con la guerra de Ucrania como telón de fondo ha alimentado un rápido rearme que este 2025 se ha consagrado en un incremento del gasto militar anual del 2% de la producción nacional al 5% para 2035. Las firmas militares han sido las principales beneficiarias de este rearme. Francia siempre ha mantenido un férreo control de su industria de guerra y un ejército compuesto de tecnología propia, incluido el arsenal nuclear, que es independiente de Estados Unidos.

Alba Rueda

Leave a Comment

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Damos por sentado que estás de acuerdo, pero puedes desactivarlas si lo deseas. Acceptar Read More

Privacy & Cookies Policy