El nieto de Fidel Castro, Sandro Castro, aboga públicamente por que Cuba abra su economía, aunque ello implique colaborar con Donald Trump, lo que supone un cambio radical con respecto al legado ideológico de su familia. En una entrevista exclusiva con la CNN, Sandro Castro, propietario de un club nocturno en La Habana e influencer en las redes sociales, defendió que la isla debe avanzar hacia la reforma económica y adoptar un enfoque más pragmático.
Sus comentarios se producen en un momento en que Cuba se enfrenta a una de sus crisis económicas más graves en décadas, con apagones, escasez y una creciente frustración pública que están redefiniendo el debate nacional sobre el futuro del país, ya que la reducción de los envíos de petróleo, vinculada a las políticas de la administración Trump, ha agravado significativamente la crisis energética de la isla.
Sandro Castro declaró a la CNN que sus vídeos, en los que no se anda con rodeos, reflejan la difícil realidad a la que se enfrentan muchos cubanos, rechazando la idea de que él esté ajeno a la crisis. «Es muy difícil», dijo, al describir la vida cotidiana en la isla. «Sufres miles de problemas. En un día, puede que no haya electricidad, ni agua. Los productos no llegan. Es muy duro, realmente duro». Sus comentarios ponen de relieve la profundidad del colapso económico del país, que se ha agravado bajo la presión externa, en particular bajo el bloqueo de la isla por parte de la administración Trump, combinado con ineficiencias internas, a medida que los servicios básicos se vuelven cada vez más poco fiables para gran parte de la población.
A pesar de formar parte de la familia política más emblemática de Cuba, Sandro Castro se posicionó como crítico del sistema actual, en particular de su modelo económico. «Tenemos que abrir el modelo económico, eliminar la burocracia», afirmó, pidiendo abiertamente reformas que permitan una mayor iniciativa privada y reduzcan el control estatal. También criticó al actual liderazgo, afirmando: «No diría que está haciendo un buen trabajo. Para mí, no está haciendo un buen trabajo». Estos comentarios señalan una ruptura no solo con la política actual, sino también con la rígida estructura económica asociada desde hace tiempo al Estado cubano.
Su postura más llamativa se centra en un giro hacia el capitalismo y un posible acercamiento a Estados Unidos. Según la CNN, Castro argumentó que muchos cubanos están preparados para el cambio, afirmando: «Hay mucha gente en Cuba que piensa de manera capitalista». Añadió: «Hay mucha gente aquí que quiere practicar el capitalismo con soberanía». Resumiendo su visión del sentir popular, afirmó: «Creo que la mayoría de los cubanos quieren ser capitalistas, no comunistas». Su apertura a un acuerdo con Trump refleja un enfoque pragmático centrado en la supervivencia económica más que en la alineación ideológica.
Estos comentarios contrastan fuertemente con el legado de su abuelo, Fidel Castro, quien lideró la revolución de 1959 y estableció un sistema socialista basado en el control estatal de la economía y la oposición al capitalismo. Bajo el mandato de Fidel Castro, se nacionalizaron las industrias y se restringió en gran medida la empresa privada, lo que moldeó la identidad política y económica de Cuba durante décadas. Aunque las reformas de los últimos años han permitido una actividad privada limitada, el Estado sigue dominando la mayoría de los sectores y la liberalización económica sigue estando estrictamente controlada, lo que hace que las declaraciones de Sandro Castro sean especialmente notables en ese contexto histórico.
A pesar de su postura, el propio Sandro Castro sigue siendo una figura profundamente controvertida en Cuba, criticado tanto por su estilo de vida como por sus declaraciones públicas. Conocido por hacer alarde de un nivel de comodidad y acceso poco común en la isla, ha suscitado reacciones negativas tanto de los partidarios del Gobierno como de sus detractores. Aun así, insiste en que su éxito se debe al esfuerzo personal, afirmando: «Lo poco que tengo es gracias a mi esfuerzo, a mi sacrificio». A medida que se agrava la crisis económica de Cuba y se intensifica la presión de Estados Unidos, su llamamiento al capitalismo y a un acuerdo con Trump pone de relieve un cambio más amplio en el discurso, en el que la supervivencia y la reforma prevalecen cada vez más sobre la ideología.
