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VICENTE FOX Y LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA TRAICIONADA: EL PODER QUE SE UTILIZÓ PARA IMPEDIR LA LLEGADA DE LÓPEZ OBRADOR

La historia política de México tiene episodios que merecen ser recordados, especialmente cuando quienes en algún momento fueron presentados como protagonistas de la democratización terminan reconociendo comportamientos que contradicen los principios que decían defender.

Vicente Fox llegó a la Presidencia de México en el año 2000 convertido en el símbolo de un cambio histórico. Su victoria electoral puso fin a más de siete décadas de gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI), una hegemonía política que había marcado profundamente la vida institucional mexicana. Millones de mexicanos vieron entonces en su triunfo la posibilidad de inaugurar una verdadera etapa democrática.

Sin embargo, más de dos décadas después, las propias declaraciones del expresidente han puesto nuevamente en discusión el verdadero alcance de aquella transición.

En una reciente entrevista, Fox reconoció que intervino para evitar que Andrés Manuel López Obrador, candidato presidencial del Partido de la Revolución Democrática (PRD), llegara al gobierno en las elecciones de 2006. Incluso afirmó que contribuyó a que Felipe Calderón obtuviera la victoria, porque no estaba dispuesto a entregar el poder a alguien que no perteneciera a su corriente política.

La confesión tiene una enorme trascendencia política. No estamos hablando de un ciudadano que expresa una preferencia electoral, sino de un presidente en ejercicio que reconoce haber utilizado su posición y su influencia para favorecer a un candidato y evitar que otro pudiera acceder al gobierno.

Aquí aparece la gran contradicción de Vicente Fox: el hombre que había llegado al poder gracias a la alternancia democrática terminó reconociendo que no estaba dispuesto a aceptar plenamente sus consecuencias cuando el resultado podía favorecer a un adversario político.

La democracia no consiste solamente en derrotar a un partido que ha permanecido décadas en el poder. Tampoco consiste en permitir elecciones únicamente cuando sus resultados favorecen a quienes gobiernan. La verdadera democracia exige aceptar la voluntad popular, respetar la competencia política y garantizar que el Estado no sea utilizado como instrumento para favorecer a una determinada candidatura.

El episodio de 2006 fue particularmente controvertido. La elección entre Felipe Calderón y López Obrador se desarrolló en un ambiente de enorme polarización. López Obrador denunció irregularidades y cuestionó el resultado electoral, mientras el Tribunal Electoral declaró válida la elección y reconoció a Calderón como presidente electo. La estrecha diferencia entre ambos candidatos y las controversias que rodearon la campaña dejaron profundas heridas en la sociedad mexicana.

Las declaraciones de Fox reabren ese capítulo y obligan a revisar el papel que desempeñó el entonces presidente. Sus palabras no constituyen por sí mismas una sentencia judicial sobre la validez de aquella elección, pero sí representan un reconocimiento político de una conducta incompatible con la neutralidad que debe observar quien ejerce la Presidencia de la República.

Los analistas consultados por Sputnik coinciden en que estas afirmaciones confirman las limitaciones de la transición democrática mexicana. El investigador Josafat Hernández considera lamentable que quien encabezó la primera alternancia después de tantos años de gobiernos priistas terminara involucrándose en una dinámica antidemocrática contra López Obrador. Por su parte, el politólogo Hugo Garciamarín sostiene que la transición se fracturó precisamente entre 2004 y 2006, cuando quedó en evidencia la distancia entre el discurso democrático de la clase política y sus prácticas de ejercicio del poder.

La lección va mucho más allá de México. América Latina ha conocido demasiados gobernantes que llegan al poder invocando la democracia, la libertad y el cambio, pero que, una vez instalados en el gobierno, pretenden controlar las instituciones, condicionar las elecciones y decidir quiénes tienen derecho a gobernar.

La democracia no puede ser una bandera que se levanta solamente para llegar al poder y se abandona cuando los ciudadanos deciden elegir una alternativa diferente.

Vicente Fox representa hoy una paradoja histórica: fue protagonista de la derrota electoral del viejo régimen mexicano, pero sus propias palabras lo colocan también entre quienes contribuyeron a impedir que aquella apertura democrática alcanzara una de sus pruebas fundamentales: aceptar que el poder podía pasar a manos de un adversario.

La democracia no se demuestra cuando se entrega el poder a un aliado, sino cuando se respeta el derecho de los ciudadanos a elegir incluso a quien uno no quiere que gobierne.

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