Un oso andino con su cría quedó registrado por primera vez en La Calera por cámaras trampa instaladas por la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), tras varios meses de seguimiento iniciados por un reporte de la comunidad.
El registro se obtuvo después de que la CAR instaló tres equipos para verificar el aviso ciudadano y recopilar información sobre el uso del hábitat, la conectividad ecológica y la disponibilidad de alimento. La intervención comenzó el 13 de junio y la revisión de los equipos se realizó el 31 de julio 2026.
Los registros muestran que la especie continúa en las zonas más altas y conservadas de la montaña. Allí encuentra condiciones favorables para su supervivencia y permanece lejos de la presencia humana, según detalló la CAR.
La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca instaló tres cámaras trampa para comprobar el reporte entregado por la comunidad. El objetivo también incluyó obtener información sobre el hábitat y sobre otras especies de fauna silvestre presentes en la zona.
Al revisar los equipos, los profesionales hallaron imágenes de un oso andino y su cría en una de las cámaras. El monitoreo también permitió establecer que en el sector existe una oferta alimenticia importante para la especie.
“Tras la revisión de los equipos, realizada el 31 de julio, las imágenes captadas por una de las cámaras trampa, ubicada a cerca de 3.200 metros sobre el nivel del mar, confirmaron la presencia del oso de anteojos y su cría en el sector”, señaló la CAR.
Los hallazgos reforzaron la evaluación técnica de que estos ecosistemas altoandinos todavía son utilizados por el oso. Los registros además apuntan a la permanencia de corredores ecológicos en las zonas mejor conservadas.
Durante el seguimiento, los equipos detectaron el paso ocasional de perros por los mismos corredores naturales que usa el oso. La entidad considera esa situación un factor de presión para la fauna silvestre y anunció que seguirá bajo observación.
La CAR también aclaró que no existe prueba para atribuir a estos osos los ataques al ganado reportados por la comunidad. Por eso continúa con investigaciones técnicas y trabajo conjunto con la familia afectada para establecer el origen del evento.
“Aunque el monitoreo confirmó la presencia del oso y su cría en el área, la CAR subrayó que no existe evidencia que permita concluir que los presuntos ataques al ganado reportados por la comunidad estén vinculados a estos osos”, señaló la entidad.
Para la entidad ambiental, el caso vuelve a mostrar la presión que ejercen la expansión de la frontera agrícola y los procesos de suburbanización sobre los ecosistemas altoandinos.
Magdala Iregui, directora técnica de Biodiversidad, advirtió: “La presencia del oso y su cría en este sector demuestra que estos ecosistemas siguen siendo utilizados por la especie. Sin embargo, cuando las actividades humanas avanzan sobre su hábitat natural, aumentan las probabilidades de interacción y de conflictos con las comunidades”.
La funcionaria añadió: “Por eso insistimos en que el crecimiento urbano y rural debe darse de manera planificada y respetando la estructura ecológica del territorio”. Iregui recordó que contener la expansión desordenada ayuda a proteger el recurso hídrico, los ecosistemas estratégicos y los corredores biológicos de especies como el oso andino.
La autoridad ambiental mantendrá el monitoreo en La Calera y seguirá con la atención y el seguimiento de otros reportes en municipios de su jurisdicción. El nuevo registro confirma que estos sectores de montaña aún sirven de refugio para la especie, en un entorno donde la presión humana incrementa el riesgo de encuentros con las comunidades.
“Es importante destacar que se mantendrá el monitoreo en el sector de La Calera y se continuará atendiendo y realizando seguimiento a los demás reportes que se presenten en los diferentes municipios de la jurisdicción”, puntualizó la CAR.
