Medio Ambiente

Compró un campo y plantó 119.000 árboles: 10 años después se convirtió en una selva y regresaron animales que no se veían hacía décadas

En 2015, Annie Schoenberger tomó una decisión que transformaría un rincón del noreste australiano: compró 18 hectáreas de cañaveral degradado cerca de Wonga Beach, en Queensland, con el objetivo de devolverle la selva tropical que ese suelo alguna vez albergó. Once años después, el terreno cuenta con más de 119.000 árboles y recibe animales que no pisaban la zona desde hace décadas.

El punto de partida fue la adquisición del predio, destinado durante años a la producción de caña de azúcar. Según informó Rainforest Rescue, la organización especializada en recuperación de bosques tropicales australianos que se convirtió en el principal socio de la iniciativa, Schoenberger se acercó a ellos ese mismo año para convertir su proyecto personal en un esfuerzo de mayor escala. Así nació NightWings, nombre que adoptó la iniciativa, que comenzó a ejecutarse en 2016 con la participación de cientos de voluntarios de distintas regiones.

Las primeras jornadas comunitarias arrancaron en 2016 y se mantuvieron durante años. Voluntarios y colaboradores trabajaron de forma sostenida sobre el suelo que décadas de explotación agrícola habían deteriorado. De acuerdo con los datos publicados por Rainforest Rescue, el total de ejemplares introducidos superó los 119.000 árboles distribuidos en las 18 hectáreas del predio.

En lugar de apostar por una sola especie de crecimiento rápido, la iniciativa priorizó la diversidad: se introdujeron más de 150 variedades de árboles nativos con el fin de reconstruir la estructura y las funciones ecológicas del bosque original. El trabajo no se limitó a sumar vegetación, sino que también incluyó la recuperación de una zona de humedales, considerada clave para reconstruir la biodiversidad del área.

Esa franja cumple una función doble: provee refugio directo para varias especies y actúa como corredor natural que permite a los animales desplazarse entre distintos ambientes. Según la organización, ese pasaje conecta fragmentos del bosque de las tierras bajas del Daintree con zonas de mayor altitud y la costa, lo que amplifica el impacto del trabajo más allá de los límites de la propiedad.

En mayo de 2026, el gobierno de Queensland reconoció formalmente el valor de lo logrado: declaró las 18 hectáreas como un área de alto valor de conservación y las clasificó como vegetación de Categoría A bajo la Ley de Gestión de la Vegetación de 1999. La medida limita la posibilidad de nuevos desmontes y protege oficialmente el bosque que creció en la última década.

El cambio en el paisaje trajo consigo el regreso de fauna nativa. El hecho más significativo ocurrió en 2018, cuando el proyecto documentó la presencia de un casuario sureño juvenil en el área. El casuario sureño (Casuarius casuarius) es un ave de gran porte, incapaz de volar, propia de los bosques tropicales del noreste australiano.

Según los registros de Rainforest Rescue, la especie no se avistaba al sur del río Daintree en más de cuatro décadas. En 2022 se repitió el hallazgo: otro ejemplar joven fue detectado dentro del predio. La reaparición de esta ave, considerada un indicador clave de la salud del ecosistema forestal, confirmó que el avance iba más allá de lo visible.

El terreno ya ofrecía condiciones reales de refugio para especies con requerimientos ecológicos exigentes. En total, NightWings acumuló registros de más de 75 especies de fauna, incluyendo algunas catalogadas como vulnerables desde el punto de vista de la conservación, de acuerdo con el balance publicado por la organización en 2026.

El casuario no fue el único retorno destacado. A medida que la cubierta vegetal creció y los humedales se consolidaron, otras especies comenzaron a colonizar el predio de forma espontánea. Entre los animales documentados figuran equidnas, zarigüeyas rayadas y zorros, además de otras variedades nativas que encontraron en el nuevo entorno condiciones aptas para establecerse.

La recuperación también tuvo efectos sobre el agua. La nueva vegetación ayudó a retener el suelo, reducir la sedimentación y mejorar la calidad de los cursos cercanos, un beneficio relevante dado que la propiedad se encuentra dentro de los Trópicos Húmedos de Queensland, región donde los ecosistemas forestales están estrechamente vinculados con ambientes costeros.

El caso de Schoenberger muestra cómo un terreno deteriorado puede recuperar sus funciones ecológicas de manera progresiva cuando se combinan planificación técnica, apoyo institucional y trabajo comunitario sostenido. La parcela que hace una década era un campo uniforme de caña de azúcar funciona hoy como una porción de selva tropical australiana con fauna nativa activa y reconocimiento legal del Estado.

 

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