Dos periodos de calor extremo moldearon la flora terrestre en los últimos 120 millones de años, según un estudio publicado en Nature Plants por investigadores de Australia y Austria. El hallazgo podría explicar por qué las plantas con flores se convirtieron en el grupo vegetal dominante del planeta, un interrogante que la paleobotánica había dejado abierto durante décadas.
La investigación fue liderada por J. M. Kale Sniderman, investigador honorario de la Universidad de Melbourne, junto a Greg Jordan, profesor de botánica de la Universidad de Tasmania, y el Dr. Chris Mays, conservador de paleontología del Museo de Historia Natural de Viena. El equipo analizó más de 60.000 registros fósiles de polen y esporas, aplicando métodos estadísticos diseñados para superar los principales sesgos del registro paleontológico, un problema que históricamente había impedido establecer una relación clara entre el clima y la diversidad vegetal.
El número de fósiles disponibles varía a lo largo del tiempo geológico y entre regiones, por lo que simples conteos de especies pueden ofrecer una imagen distorsionada de la evolución real de la flora. Al corregir esos sesgos, el equipo identificó que las tasas más altas de extinción y aparición de nuevas plantas no se distribuyeron de manera uniforme a lo largo del tiempo, sino que se concentraron en dos ventanas breves de calentamiento global extremo.
El primero ocurrió durante el Cretácico medio, hace entre 84 y 100 millones de años —en pleno apogeo de los dinosaurios—, cuando las temperaturas oceánicas en la región australiana alcanzaron valores extraordinarios. El segundo tuvo lugar en el Cenozoico temprano, abarcando el Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno y el Óptimo Climático del Eoceno Temprano, hace aproximadamente 56 millones de años.
Fue precisamente en este último intervalo cuando las plantas con flores consolidaron su dominio ecológico, y los nuevos datos sugieren que esa transición no fue un avance lento y sostenido, sino un salto ligado al estado térmico del planeta.
Para establecer esa conexión, el equipo comparó sus curvas de diversificación vegetal con reconstrucciones de temperatura superficial del océano derivadas de isótopos de oxígeno en foraminíferos planctónicos, mediante una calibración bayesiana aplicada a testigos de sedimentos del Plateau de Malvinas.
La sincronía entre los picos de temperatura y los picos de origination resultó consistente tanto en el sureste de Australia —que ocupaba altas paleolatitudes durante el Cretácico y el Cenozoico— como en el noreste de África, ubicado en las latitudes tropicales bajas. Esa simultaneidad en hemisferios y latitudes opuestas apunta a un motor global antes que a uno regional.
“Nuestra investigación demuestra que tanto la extinción como la aparición de nuevas plantas terrestres, aunque evolutivamente relacionadas, se produjeron principalmente durante dos periodos de clima extremadamente cálido a nivel mundial”, afirmó Jordan en declaraciones recogidas por Phys.org.
Cada uno de esos intervalos duró apenas unos pocos millones de años. Los climas de efecto invernadero más cálidos destruyeron y promovieron simultáneamente la diversidad vegetal, pero solo cuando se consideran en escalas temporales de millones de años. En contraste, los periodos más fríos se caracterizaron por escasos cambios en la composición florística.
El estudio también evaluó otras posibles causas de las tendencias de diversidad, como las interacciones entre grupos de plantas o el aislamiento geográfico —por ejemplo, cuando Australia comenzó a separarse del resto del supercontinente austral, Gondwana—. Ninguna de esas variables explicó los patrones observados con la misma consistencia que el clima, que resultó ser el predictor dominante en todos los análisis.
Sniderman subrayó la centralidad de las plantas con flores en la vida terrestre: con aproximadamente 400.000 especies en todo el mundo, constituyen el grupo más productivo y diverso de plantas terrestres. Dominan la mayoría de los ecosistemas, lideran la captura de dióxido de carbono de la atmósfera y sostienen redes complejas con animales, hongos y bacterias.
“Han desarrollado relaciones complejas con animales, hongos y bacterias”, señaló el investigador en declaraciones al medio especializado. “Esto dio origen a una gran cantidad de especies, cada una especializada en comer, polinizar, dispersar semillas y descomponer plantas con flores de diferentes especies o de diferentes maneras”.
Mays advirtió que el calentamiento actual, de origen humano, se produce a una velocidad muy superior a la de los intervalos del Cretácico medio y el Cenozoico temprano. “Es probable que el calentamiento global provocado por el ser humano cause extinciones de plantas mucho más rápido que las ocurridas durante los episodios de calentamiento extremo del pasado”, señaló el investigador en declaraciones recogidas por Phys.org.
Aunque las especies extintas serán eventualmente reemplazadas por nuevas a lo largo de la historia evolutiva, ese proceso requiere millones de años. Mays subrayó que la humanidad tiene hoy la capacidad de evitar esa pérdida si detiene las emisiones de CO₂ provenientes de los combustibles fósiles, sin necesidad de esperar a que la evolución repare lo que la actividad humana destruye.
