En distintos puntos de América Latina, 52 proyectos buscan resolver problemas cotidianos ligados al cuidado del medioambiente. Hay comunidades que recuperan agua en los Andes, equipos que detectan incendios antes de que se extiendan y emprendimientos que aprovechan residuos de café, plástico o vidrio para fabricar otros productos.
Las propuestas llegan de ciudades y de zonas rurales, de la Amazonía, la costa, los Andes y territorios indígenas. Algunas parten de conocimientos locales que se transmiten desde hace generaciones. Otras usan drones, cámaras, sensores o imágenes de satélite. El objetivo común es atender problemas como la falta de agua, la contaminación, la pérdida de especies y los incendios.
Los casos fueron elegidos como finalistas de Premios Verdes 2026, una convocatoria que reúne iniciativas de 12 países de la región. Los 52 proyectos compiten en diez áreas, entre ellas agua, alimentos, energía, economía circular, ciudades, ecosistemas, finanzas y tecnología ambiental.
Uno de los proyectos trabaja cerca de Lima, Perú, con una solución que viene de tiempos prehispánicos. AQUARESTAURA recupera las amunas, canales de montaña que permiten que el agua de lluvia se filtre en el suelo. Más adelante, esa agua vuelve a aparecer en manantiales y ríos durante la época seca.
La iniciativa también recupera qochas, pequeñas lagunas que guardan agua, y protege bofedales, humedales de altura. Hasta 2025, informó una recarga anual de 13 millones de metros cúbicos de agua. Además, recuperó más de 3.900 hectáreas de ecosistemas y alcanzó a más de 1.000 familias de seis comunidades, así como a más de 225.000 habitantes de Lima.
En Oaxaca, México, otro grupo trabaja con el conocimiento indígena sobre los hongos. El proyecto busca cuidar los bosques y conservar saberes de las comunidades mediante investigaciones hechas con sus habitantes, actividades educativas y el intercambio de conocimientos entre niñas, niños, jóvenes y mujeres indígenas.
En la isla Floreana, en las islas Galápagos de Ecuador, se instalaron cámaras trampa y sensores para registrar animales. Un sistema de inteligencia artificial revisa las imágenes y ayuda a identificar especies propias de la isla y especies invasoras, es decir, animales o plantas introducidos que pueden alterar el ambiente.
El proyecto presenta a Floreana como una Smart Island, o isla inteligente, dedicada al cuidado y la recuperación de sus ecosistemas. En 100 días, el sistema obtuvo más de 250.000 imágenes y analizó de manera automática el 98 %. Según la iniciativa, esto redujo el tiempo y el trabajo que antes requería revisar el material de forma manual.
La tecnología también aparece en Argentina. Sentinel combina drones, sensores instalados en el terreno, imágenes de satélite e inteligencia artificial para enviar alertas tempranas sobre incendios forestales. GeTAU, por su parte, permite ubicar en un mapa, registrar y seguir el estado de los árboles de las ciudades.
En Colombia, Biohunters usa la pulpa que queda del café para fabricar materiales que pueden utilizarse en impresión 3D, plásticos y telas. En el proceso participan 20 mujeres que cultivan café.
La lista de finalistas incluye también proyectos que transforman vidrio recuperado en nuevas superficies en Argentina; yerba mate y aserrín en macetas que se degradan con el tiempo; y sargazo, un alga invasora, en materiales para la agricultura en República Dominicana. En Chiapas, México, una propuesta usa residuos plásticos para construir viviendas sociales destinadas a comunidades indígenas.
También hay embarcaciones solares desarrolladas junto al pueblo Achuar de la Amazonía ecuatoriana, sistemas para recuperar corales, métodos para evitar que se desperdicien alimentos, tecnologías que buscan reducir la captura accidental de animales marinos, fertilizantes hechos con residuos y opciones de financiamiento para la agricultura sostenible.
“La innovación en América Latina tiene una característica extraordinaria: nace de la capacidad de conectar conocimiento, territorio y tecnología”, dijo Gustavo Manrique, presidente de Premios Verdes. Según Manrique, cuando la ciencia se vincula con los saberes locales, las comunidades y los emprendimientos, surgen respuestas a necesidades concretas que pueden aplicarse en otros lugares.
De los 52 finalistas, Ecuador tiene 11 proyectos, Colombia 10 y México 7. También hay iniciativas de Argentina, Perú, Bolivia, Chile, Brasil, Costa Rica, Panamá, El Salvador y República Dominicana.
Premios Verdes se presenta como un espacio regional que da visibilidad y pone en contacto a personas y proyectos vinculados con la sostenibilidad en América Latina y el Caribe. La organización informó que, en más de diez años, recibió más de 22.000 proyectos de 53 países. Además de la selección, organiza un encuentro sobre ambiente e impacto social.
El certamen cuenta con un jurado internacional y un Consejo Asesor integrado por representantes de organismos multilaterales, bancos de desarrollo, organizaciones de conservación, universidades, empresas y fondos internacionales. El proceso incluye una convocatoria abierta, una selección técnica, programas de apoyo para los proyectos, difusión y un encuentro con emprendedores, empresas, gobiernos, universidades y organismos multilaterales. La edición 2026 está prevista del 19 al 22 de octubre en Cuenca, Ecuador.
