El analista Ed Zitron ha revelado los estados financieros auditados de OpenAI correspondientes a 2024 y 2025, que muestran un aumento drástico en las pérdidas: de 5.000 millones de dólares en 2024 pasaron a 38.500 millones en 2025, casi ocho veces más. Sin embargo, la mayor parte de ese déficit no proviene de la actividad comercial habitual, sino de un ajuste contable derivado de su transformación de entidad sin ánimo de lucro a sociedad comercial: esa reestructuración generó un impacto negativo de 41.550 millones de dólares por la actualización del valor de intereses convertibles y opciones de compra de acciones. Al separar este efecto técnico, la pérdida operativa real se sitúa por debajo de los 8.000 millones, una cifra todavía elevada pero mucho más cercana a la tendencia anterior. Un dato llamativo es que estos resultados no han frenado el interés inversor: la compañía completó una ronda de financiación por 122.000 millones de dólares que la valora en 852.000 millones. Quien obtiene beneficios inmediatos es Microsoft: en 2025 OpenAI le pagó 17.200 millones por el uso de la infraestructura Azure, mientras que los pagos en sentido contrario apenas alcanzaron los 303 millones. Por el lado positivo, los ingresos crecen con fuerza: pasaron de 3.700 millones en 2024 a 13.070 millones en 2025, y su ritmo de facturación anualizado llegó a superar los 2.000 millones mensuales tras empezar el año con unos 1.000 millones por trimestre.
No obstante, la estrategia de ofrecer acceso gratuito masivo a ChatGPT se identifica como uno de los factores que más presionan los costes, en contraste con rivales como Anthropic, que desde el inicio priorizaron clientes corporativos y ya logran resultados positivos, aunque con márgenes reducidos. En cuanto a la expansión, OpenAI ya ha presentado ante la SEC la documentación preliminar para su salida a bolsa, aunque todavía no hay fecha definitiva. La competencia también se traslada a este terreno: Anthropic ha iniciado exactamente el mismo trámite, por lo que adelantarse en el mercado de valores podría convertirse en una victoria adicional de imagen y confianza en un momento en que los grandes números rojos alimentan preguntas sobre cuándo se consolidará la rentabilidad real del negocio.
