Pero en España, el oro nunca es solo una cifra contable. Es también memoria histórica. Y pocas expresiones concentran tanta carga simbólica como el llamado ‘oro de Moscú’, uno de los episodios más controvertidos de la historia económica y política del siglo XX español.
Un país con oro… y con límites
Antes de 1936, las reservas de oro españolas no eran excepcionales en el contexto internacional, pero sí suficientes para situar al país en el mapa financiero global. Según explica la historiadora Magdalena Garrido Caballero, profesora titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Murcia, ese oro otorgaba a España un cierto margen de maniobra internacional, aunque lejos de las grandes potencias económicas.
Ese margen, sin embargo, se evaporó con el estallido de la Guerra Civil Española. El aislamiento diplomático de la Segunda República, reforzado por el Comité de No Intervención, dejó al Gobierno republicano con escasas alternativas para financiar la compra de armas y suministros.
En ese contexto extremo, el Gobierno republicano decidió trasladar la mayor parte de las reservas de oro del Banco de España al extranjero, principalmente a la Unión Soviética. El objetivo era claro: pagar armamento, suministros y asistencia militar para sostener el esfuerzo bélico.
El traslado fue real y está documentado. En octubre de 1936, unas 510 toneladas de oro salieron del depósito de la Algameca, en Cartagena. No fue una operación improvisada ni clandestina, sino una decisión tomada por las autoridades legítimas de la República en un contexto de guerra total.
Mito y realidad del ‘oro de Moscú’
La historiografía contemporánea ha desmontado muchos de los mitos construidos posteriormente. Garrido Caballero subraya que el gran mito consiste en pensar que ese oro podía o debía haber sido devuelto. Los estudios de historiadores como Ángel Luis Viñas o Pablo Martín Aceña muestran que el oro fue gastado durante la guerra, en pagos verificados y documentados, y que permitió a la República resistir casi tres años frente a la sublevación militar.
Desde esta perspectiva, el ‘oro de Moscú’ no fue un robo ni un expolio, sino una operación de financiación en circunstancias excepcionales. Incluso parte del oro se vendió también a Francia con la misma finalidad, aunque ese episodio nunca adquirió la misma carga simbólica.
La propaganda franquista y el imaginario del expolio
Tras la guerra, el régimen franquista convirtió el ‘oro de Moscú’ en una poderosa herramienta propagandística. Según Garrido Caballero, el franquismo instrumentalizó el episodio para justificar la dureza de la posguerra, alimentar el imaginario del enemigo soviético y deslegitimar a la Segunda República. El tema apareció de forma recurrente en informes diplomáticos, en la prensa nacional e internacional y en los discursos oficiales durante décadas.
En el ámbito internacional, la cuestión tuvo un recorrido limitado. El Reino Unido la consideró un asunto de carácter bilateral entre Estados, mientras que las autoridades soviéticas mantuvieron de forma constante que no existían reservas pendientes del oro enviado por la República.
¿Dónde está hoy el oro español?
Casi 90 años después, la pregunta sigue apareciendo con regularidad: ¿Dónde está el oro español? La respuesta es menos novelesca que el mito. España cuenta hoy con unas 281 toneladas de oro, repartidas entre el Banco de España y depósitos en Estados Unidos, Reino Unido y Suiza, según datos difundidos por el World Gold Council.
Ese oro no es heredero directo del enviado a la URSS, sino el resultado de décadas de política monetaria, integración europea y gestión de activos en el marco del Eurosistema.
Del trauma histórico al activo financiero
El récord de 2025 no significa que España haya recuperado aquel oro perdido, sino que el valor de sus reservas ha aumentado por la subida del precio del metal en los mercados internacionales. Hoy, el oro ya no respalda una moneda nacional ni financia guerras: funciona como activo de estabilidad y confianza en un sistema financiero globalizado.
La comparación entre 1936 y 2025 revela un cambio profundo. En la Guerra Civil, el oro era un recurso tangible del que dependía la supervivencia de un Gobierno. En la España actual, integrada en la Unión Europea, es un indicador patrimonial que refuerza la posición del país dentro del sistema financiero internacional.
Un mismo metal, significados distintos
El ‘oro de Moscú’ sigue siendo una herida simbólica y un campo de batalla interpretativo. Las actuales cifras récord del Banco de España, en cambio, responden a una lógica muy distinta: la revalorización del oro en los mercados internacionales y su función como activo de reserva en un sistema financiero global.
El aumento del valor de las reservas no implica la recuperación del oro enviado al extranjero en 1936. Refleja, más bien, cómo ha cambiado el papel del oro en la economía española: de recurso de guerra y símbolo de confrontación política a instrumento de estabilidad financiera.
