Este hallazgo podría revolucionar la medicina de trasplantes y la conservación de especies en peligro de extinción
Existe una región en Siberia que lleva más de 24.000 años congelada, aseguran un grupo de científicos e investigadores del Instituto de Problemas Fisicoquímicos y Biológicos en la Ciencia del Suelo de Rusia. Pero que los núcleos de sedimentos congelados (permafrost) del río Alazeya, en el Ártico siberiano, pertenecen al Pleistoceno tardío, no es lo más llamativo de este descubrimiento.
Y es que entre los restos de tierra extraídos, los investigadores también encontraron un ser vivo que habitó la Tierra hace tantos siglos. En concreto se trataba de un organismo diminuto conocido como rotífero bdeloideo, que aunque podría confundirse con una bacteria, técnicamente es un animal, que destaca por su resistencia a condiciones extremas, como la desecación, la falta de oxígeno y los altos niveles de radiación.
Pero el hecho de que haya sobrevivido a la descongelación tras miles de años ha superado todas las expectativas previas. Aunque sin duda lo más llamativo de todo, es que una vez recuperado, comenzó a alimentarse y, lo más impactante, a reproducirse.
La clave de todo ello, es que los rotíferos bdeloideos son capaces de clonarse a sí mismos sin necesidad de una pareja, logrando que un ser vivo de hace 24.000 años continuara con su ciclo de vida en el siglo XXI.
Todo ello ha sido posible gracias a un proceso biológico conocido como criptobiosis. Esto se refiere a que el organismo de este ser, se detuvo casi por completo durante miles de años, pausando su metabolismo y reduciendo su actividad vital al límite para poder sobrevivir al hielo.
El verdadero éxito de esta investigación, está en que hipotéticamente se podría replicar este mecanismo biológico, lo que revolucionaria la medicina trasplantológica y la conservación de especies en peligro.
