Opinión

Manuel Cotillo: Telemedicina e inteligencia artificial en salud: una deuda urgente del nuevo gobierno

El inicio de un nuevo gobierno no debería ser solo un cambio de nombres, sino un punto de inflexión en las prioridades del país. Hoy, una de las tareas más urgentes —y menos postergables— es transformar el sistema de salud. No como promesa electoral, no como plan piloto, sino como política de Estado.

Todos los partidos políticos han hablado de mejorar la salud. Todos los nuevos congresistas coinciden en que el sistema es deficiente. Pero el problema del Perú no es el diagnóstico: es la ejecución. La brecha entre lo que se dice y lo que se hace sigue costando vidas.

Mientras se debate, la gente sufre. Mientras se planifica, la gente muere. Y muchas veces no por enfermedades incurables, sino por falta de acceso, demora en la atención o ausencia de especialistas. Eso no es solo ineficiencia: es una forma de abandono.

Por eso, la implementación inmediata de la telemedicina y la inteligencia artificial en salud no puede seguir esperando.

La evidencia internacional es contundente. Países como Estonia, España y Canadá han integrado la telemedicina en sus sistemas públicos con resultados claros: reducción de tiempos de espera, mayor cobertura en zonas rurales y disminución de costos operativos. En India, el uso de inteligencia artificial para el diagnóstico temprano de enfermedades como la tuberculosis ha permitido detectar casos con mayor rapidez y precisión, incluso en comunidades alejadas.

Los beneficios no son solo clínicos, sino también económicos. Según estudios del Banco Mundial y la OMS, la digitalización en salud puede reducir hasta en un 20-30% los costos asociados a hospitalizaciones evitables y mejorar significativamente la eficiencia del sistema. Menos traslados innecesarios, menos saturación hospitalaria, mejor asignación de recursos.

En el Perú, donde la geografía es una barrera histórica, la telemedicina no es una opción moderna: es una necesidad estructural. Permitiría que un paciente en la Amazonía acceda a un especialista en Lima sin viajar días. Que un diagnóstico no dependa del azar geográfico. Que la atención llegue antes de que sea demasiado tarde.

La inteligencia artificial, por su parte, puede ser una aliada clave en la detección temprana, la gestión de historias clínicas y la toma de decisiones médicas. No reemplaza al médico, pero potencia su capacidad. Y en un país con déficit de profesionales de salud, eso es decisivo.

Esto no significa dejar de lado la inversión en infraestructura. Al contrario: ambas estrategias deben avanzar en paralelo. Mientras se construyen hospitales y se mejora la red física, la tecnología puede salvar vidas hoy.

La verdadera pregunta no es si el Perú puede implementar estas soluciones. La pregunta es: ¿por qué no lo ha hecho aún?

Se necesita decisión política. Se necesita coordinación entre el Ejecutivo, el Congreso y los gobiernos regionales. Se necesita que los partidos políticos dejen de ver la salud como un discurso y la asuman como una responsabilidad concreta.

No es aceptable que, en pleno siglo XXI, el acceso a la salud dependa del dinero o la ubicación. No es aceptable que la innovación llegue tarde cuando las soluciones ya existen.

El nuevo gobierno tiene la oportunidad —y la obligación— de cambiar esto. De pasar del discurso a la acción. De convertir la salud en una verdadera política de Estado.

Porque cada día que se posterga, no es solo tiempo perdido. Son vidas que no vuelven.

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