El Mundial de Fútbol 2026, que arranca esta noche, se perfila como el torneo más grande de la historia: participarán 48 selecciones que disputarán 104 partidos en 16 sedes repartidas entre Estados Unidos, Canadá y México, con una asistencia esperada superior a los cinco millones de espectadores. Pero también será uno de los eventos deportivos más vigilados que se han celebrado nunca, en un contexto marcado por riesgos de carácter terrorista vinculados a tensiones entre Estados Unidos e Irán. De los encuentros totales, 78 tendrán lugar en once ciudades estadounidenses, lo que supone una gran presión sobre todos los niveles de seguridad, desde los traslados hasta el interior de los recintos. Organizaciones como la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) ya han lanzado advertencias sobre posibles restricciones a la libertad de expresión y protestas, además de alertar sobre la posibilidad de que la administración desplegue sistemas de vigilancia muy amplios sin las garantías legales adecuadas.
Para garantizar el control, se combinarán distintas tecnologías: drones y sistemas anti‑drones serán protagonistas, con empresas como Fortem Technologies, Sentrycs y Axon encargadas de proteger el espacio aéreo de las sedes. También se utilizará reconocimiento facial y perros robot de Boston Dynamics en ciudades como Dallas, Nueva Jersey y Monterrey, capaces de registrar imágenes y datos en movimiento. La gestión centralizada correrá a cargo de Lenovo, que operará el centro de mando oficial, y de la plataforma Sit(x) de Booz Allen Hamilton para información en tiempo real. Sin embargo, expertos y organizaciones como la Electronic Frontier Foundation advierten de un riesgo mayor: que toda esta infraestructura, pensada para ser temporal, se mantenga activa después del torneo. A ello se suma la incertidumbre sobre el papel exacto del ICE, cuya presencia confirmada en el dispositivo de seguridad genera preocupación entre la población migrantes
