Las criptomonedas atraviesan una etapa de fuerte retroceso: en los últimos 11 meses, su valor ha caído un 46 %, pasando de los 124.000 dólares que alcanzó el bitcoin en julio de 2025 a los 67.000 dólares actuales. Ayer, además, sufrió una caída adicional del 7 %, prolongando una tendencia bajista que lleva meses consolidándose y que marca una ruptura con la confianza que despertaba antes entre todo tipo de inversores.
Esta situación ha generado una estampida sin precedentes: en solo 24 horas se liquidaron activos por valor de 1.500 millones de dólares, e incluso Strategy —la empresa que siempre había defendido al bitcoin como activo de reserva— realizó su primera venta desde 2022, un gesto simbólico que debilita la filosofía de mantener la inversión a largo plazo. A esto se suma el fracaso de los fondos cotizados (ETF), que se esperaba que dieran estabilidad y atrajeran capital institucional, pero que en cambio han registrado retiradas por 3.500 millones de dólares en menos de dos semanas. Todo esto ha puesto en duda la idea de que el bitcoin funcione como un valor refugio similar al oro, y su desplome se ha extendido al resto del mercado: monedas como Ethereum, Solana y Dogecoin han registrado pérdidas combinadas por 1.600 millones de dólares, reflejando la gran dependencia que tienen respecto al comportamiento del bitcoin.
Mientras tanto, el panorama es muy distinto en otros sectores: frente a la crisis de las criptomonedas, Wall Street vive un momento de auge impulsado por la inteligencia artificial. Esta tecnología se ha convertido en el principal motor de crecimiento del mercado, y se observa cómo el capital que antes se dirigía hacia activos digitales está cambiando de rumbo hacia propuestas más tangibles y con una aplicación real y demostrada.
