El sábado 24 de octubre miles de personas, con una presencia protagónica de jóvenes de la “Generación Z”, marcharon en Lima, Arequipa, Cusco, Ica, Huancayo, Trujillo y Juliaca bajo la consigna “Por el Perú, por nuestras familias”, motivados por la indignación ante la inacción y frivolidad de los representantes del Gobierno ante los incendios que causaron que al menos 13,838 hectáreas de cobertura natural destruidas, 8,737 hectáreas afectadas, 1,299 hectáreas de cultivos perdidas y 88 animales muertos en 16 regiones. Como dijo un joven en Lima: “Tuvo que llover para que recién se apagaran los incendios”. Las demandas eran una comisión investigadora en el Congreso para esclarecer el origen de los incendios, una reparación efectiva para las comunidades campesinas y una Ley de Manejo del Fuego que articule la quema controlada ancestral con la vigilancia comunitaria remunerada.
En Ayacucho una pancarta sostenida por una joven defnía las coordenadas ideológicas del movimiento: “No somos ni de izquierda ni de derecha, somos los de abajo que venimos por los de arriba”. Este ánimo juvenil conecta con los que se vienen manifestando en otras partes del mundo : En Brasil, una marea de jóvenes voluntarios se desplegó para prom los over el voto de cientos de miles de electores ausente e en la primera vuelta, impulsando decisivamente la victoria de Lula da Silva en la reciente segunda vuelta ; más de la mitad de los jóvenes de 15 a 24 años lo preferían frente a menos del 25% que apoyaba a Bolsonaro. En España, decenas de miles de jóvenes, junto a migrantes, han protagonizado protestas por el derecho a la vivienda exigiendo el cumplimiento del artículo 47 de la Constitución y denunciando que las alzas de los precios de alquileres devora más de la mitad de sus salarios. En Francia, decenas de miles de estudiantes de secundaria y universidad iniciaron protestas por el mal estado de sus instituciones educativas y la falta de docentes, a los que se han sumado centenas de miles de ciudadanos y ciudadanas por un futuro digno . En India, el movimiento “Cockroach” (Cucarachas) llevó a decenas de miles de jóvenes a las calles contra la corrupción en los exámenes de admisión, el desempleo y la indiferencia política, logrando la dimisión del ministro de Educación tras 45 días de protestas. En Estados Unidos, los y las jóvenes fueron uno de los núcleos que llevaron al ggobierno de la ciudad de Nueva York al candidato de Demócratas Socialistas de América, Zoran Mandani, con una plataforma de congelamiento de alquileres y mejora de la calidad del transporte y otros servicios públicos. Y también son uno de los núcleos de las movilizaciones ciudadanas para limitar el poder del autoritario presidente Trump. Volviendo a Perú , han sido un factor importante en la victorio de Verónika Mendoza en Cusco, con una agenda de cambio basado en un equilibrio entre el crecimiento y el cuidado de las personas y los bienes comunes.
Cabe recordar que hasta hace pocos años, análisis hablaban de un desencanto generacional con los proyectos progresistas, de una “batalla cultural” donde las nuevas derechas reclutaban a jóvenes hastiados de la precariedad y la falta de oportunidades. Ese diagnóstico parecía consolidado. Sin embargo, los acontecimientos mencionados nos señalan que estamos ante la aparición de un nuevo progresismo juvenil, más enfocado en la defensa concreta de la vida y sus condiciones sociales.
Ojo, no se trata del retorno a un progresismo de Estado, vertical y omnicomprensivo. Es un progresismo de base, organizado en redes digitales, desconfiado de las estructuras rígidas y movilizable por derechos concretos: el derecho a un ambiente sano, a una vivienda digna, a la educación, a la transparencia y a un futuro laboral. Es la recuperación de la posibilidad de un buen vivir en la Tierra, como lo expresara una de las consignas de las marchas del 24 de octubre. La Generación que hoy lidera marchas por los bosques es una generación que ha aprendido que la precariedad y la crisis climática se afrontan con políticas que garanticen la reproducción de la vida. Que sabe, como lo indicaba otra pancarta en Ayacucho, que “La indiferencia es el apoyo silencioso de la injusticia”. Y que está dispuesta a actuar en consecuencia.
