El pez sierra verde (Pristis zijsron) se encuentra al borde de la extinción. Las redes de pesca, la degradación de los ecosistemas costeros y la ausencia de medidas de conservación eficaces diezmaron sus poblaciones en gran parte del mundo durante el último siglo, hasta que la especie desapareció de extensas franjas de su distribución histórica en África y el sur de Asia.
Sin embargo, en el norte de Australia todavía sobreviven algunas de las últimas poblaciones intactas en el planeta, lo que convierte a esa región en un refugio decisivo, y quizás irrepetible, para evitar su desaparición definitiva.
La especie es pariente cercana de los tiburones y las rayas, aunque su cuerpo alargado y el singular hocico dentado, llamado “sierra”, que cumple funciones tanto de caza como de defensa, la convierten en una de las criaturas más reconocibles del mundo marino.
Una investigación de la Universidad Murdoch, publicada en Reviews in Fish Biology and Fisheries, revisó décadas de estudios sobre el animal para identificar qué se sabe, qué falta conocer y cuáles son las medidas que mejor pueden orientar su recuperación. El trabajo señala al norte de Australia, especialmente al Pilbara, en Australia Occidental, como territorio clave para investigar y conservar la especie.
Pese a su porte imponente, el pez sierra verde es extremadamente vulnerable: se reproduce lentamente, depende de hábitats costeros y estuarios muy específicos (zonas donde los ríos desembocan en el mar y el agua dulce se mezcla con la salada), y su sierra queda fácilmente atrapada en redes de pesca. Esa combinación de factores explica su acelerado declive global y la urgencia de las medidas de conservación.
El estudio fue encabezado por Jack Ingelbrecht, investigador posdoctoral del Centro para Ecosistemas Acuáticos Sostenibles del Instituto Harry Butler de la Universidad Murdoch, junto al profesor asociado David Morgan. El equipo contó con el respaldo de la Institución de Ciencias Marinas de Australia Occidental (WAMSI), la Fundación Save Our Seas y la empresa BCI Minerals.
“El renombrado zoólogo Ferdinando Boero lo dijo mejor que nadie: ‘No se puede proteger lo que no se conoce’”, afirmó Ingelbrecht en el comunicado institucional. Esa premisa guió toda la revisión: el primer paso para conservar al pez sierra verde es entender en profundidad su biología, su comportamiento y el estado de sus poblaciones.
“Para investigar algo, primero se necesitan especímenes que estudiar. Naturalmente, las oportunidades de investigación serán mayores en zonas donde la especie todavía existe en números relativamente altos”, explicó Ingelbrecht en el comunicado. El norte australiano, con sus aguas poco perturbadas, sus extensos manglares y sus estuarios relativamente intactos, reúne precisamente esas condiciones.
Dentro del norte australiano, la región del Pilbara ocupa un lugar central. Morgan, quien lleva más de 25 años al frente de la investigación de estos animales en el país, destacó en el comunicado institucional que esa zona “nos da una oportunidad poco común para entender cómo los peces sierra verde usan su entorno, e identificar qué medidas de conservación facilitarían mejor su recuperación”.
La revisión también dejó al descubierto vacíos de conocimiento que frenan los esfuerzos de conservación. Sobre los aspectos más decisivos, como el tamaño de las poblaciones restantes y la cantidad de individuos maduros en la naturaleza, los investigadores comprobaron que “hay muy poca información disponible actualmente”, según indicaron en el comunicado.
La concentración de poblaciones viables en el norte australiano tiene una consecuencia directa sobre las obligaciones científicas del país: cuanto más retrocede la especie en el resto del mundo, mayor es el peso que recae sobre Australia para generar el conocimiento necesario que respalde su recuperación a escala global.
“La investigación es el motor de la conservación. Para tener éxito, los esfuerzos de recuperación a menudo deben adaptarse a las especies a las que están destinados. Para eso, se necesita aporte científico”, afirmó Ingelbrecht.
Y precisó: “Los biólogos de la conservación tienen la responsabilidad de mejorar las iniciativas de recuperación a través de la investigación. Si las poblaciones de pez sierra verde continúan disminuyendo, esa responsabilidad, esa carga, recaerá cada vez más sobre Australia.”
Pese a la gravedad del panorama, los investigadores consideran que la situación no es irreversible. “Todavía no está todo perdido. Existe una oportunidad genuina para revertir la situación. Con el apoyo correcto, la investigación correcta y las medidas de conservación correctas, podemos asegurar la supervivencia del pez sierra verde. Espero que Australia marque un ejemplo que el resto del mundo pueda seguir”, afirmó Ingelbrecht.
