A pocos meses de las elecciones generales, nueve partidos políticos se negaron a firmar el Pacto Ético Electoral promovido por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), un acuerdo que busca garantizar transparencia, respeto a los valores democráticos y campañas libres de ataques personales o colectivos.
Entre los ausentes figuran agrupaciones que se sienten confortables en los primeros lugares de las encuestas, lo que revela no solo sobervia, sino también la intención de mantener una campaña sin ataduras, al margen de los cánones aceptables.
¿Por qué no firmar la ética?
El Pacto Ético Electoral contempla diez compromisos fundamentales, entre ellos:
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Conducta respetuosa durante la campaña, evitando agresiones y violencia.
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Uso responsable de las redes sociales y nuevas tecnologías, incluyendo la inteligencia artificial, para prevenir noticias falsas o manipuladas.
La negativa de algunos partidos sugiere que, para ellos, la estrategia política prima sobre la ética. La forma de expresarse de ciertos candidatos —cargada de odio, revancha y violencia— refleja una cultura de confrontación que prioriza la ambición por sobre los valores democráticos. Al evadir compromisos, buscan evitar cuestionamientos del JNE, de la población y de la sociedad civil.
Una demostración preocupante
No firmar el pacto no es solo un gesto simbólico: es una señal de que algunos partidos no están dispuestos a respetar límites mínimos de transparencia y comportamiento ético. Esto plantea varias preguntas a los votantes:
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¿Están estos candidatos comprometidos con una campaña limpia y responsable?
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¿O su prioridad es mantener el control del poder, sin importar el costo para la ciudadanía?
La ausencia de compromiso ético pone en evidencia que la política sigue contaminada por prácticas oportunistas, donde ganar notoriedad y acceso a recursos del Estado se valora más que construir propuestas sólidas para el país.
Lecciones para los votantes y candidatos
Este episodio debería servir como advertencia para todos los aspirantes a cargos públicos: la ambición sin ética erosiona la confianza ciudadana y deslegitima la democracia. Los partidos y candidatos que buscan el poder deben asumir responsabilidades claras, cumplir con los compromisos de transparencia y dar el ejemplo desde el inicio de la campaña.
El Pacto Ético Electoral no es un formalismo: es un instrumento para proteger a la ciudadanía, promover un debate respetuoso y garantizar que la competencia política se desarrolle dentro de los límites de la ley y de la ética. Ignorarlo, como han hecho algunos, es una señal de alarma para los votantes, quienes deben exigir claridad y responsabilidad antes de depositar su confianza en las urnas.
