En un país cansado del ruido vacío, del oportunismo electoral y de la captura del Estado por intereses ilegales, el partido Primero La Gente proclamó a Marisol Pérez Tello como su candidata a la Presidencia de la República para las Elecciones Generales de 2026. La decisión se tomó tras un proceso de elecciones internas supervisado por la ONPE, en cumplimiento de las normas del Jurado Nacional de Elecciones. Un detalle que, en el Perú de hoy, no es menor.
Pérez Tello no es una figura nueva ni improvisada. Fue congresista en el periodo 2011–2016 y ministra de Justicia y Derechos Humanos entre 2016 y 2017. Su trayectoria ha estado marcada por una posición clara a favor del Estado de derecho, la institucionalidad democrática y la necesidad de enfrentar la corrupción sin ambigüedades. Precisamente, tres palabras casi extintas en el escenario político actual.
“Agradezco profundamente la confianza de la militancia. Hoy el país necesita recuperar la confianza en las instituciones y enfrentar con determinación el avance del crimen organizado”, señaló la candidata al asumir oficialmente la postulación. El mensaje no es retórico: llega en un contexto donde el Estado parece replegado, la política desacreditada y la impunidad normalizada.
La plancha presidencial de Primero La Gente se completa con Raúl Molina Martínez como candidato a la Primera Vicepresidencia y Manuel Ato-Carrera como candidato a la Segunda Vicepresidencia. Más allá de los nombres, la organización intenta posicionar una narrativa distinta a la del caudillismo personalista o la política del escándalo permanente.
Desde el partido sostienen que su propuesta se basa en la unidad, la transparencia y la construcción colectiva, alejándose de los intereses privados que han colonizado buena parte del sistema político. “La política debe volver a ser un espacio de servicio a la gente”, afirmó Pérez Tello, en una declaración que interpela directamente a una clase dirigente que ha hecho exactamente lo contrario durante años.
La proclamación ocurre el mismo día en que 37 organizaciones políticas realizaron elecciones primarias para definir candidaturas rumbo al 2026. Un proceso amplio, pero no necesariamente competitivo, donde abundan los discursos antisistema que, paradójicamente, terminan debilitando aún más al propio Estado.
La candidatura de Marisol Pérez Tello aparece así como una apuesta —aún minoritaria— por reconstruir la política desde la institucionalidad, la ética pública y la ley. No es un camino atractivo para el voto indignado ni para la demagogia fácil, pero sí para quienes creen que el problema del Perú no es la democracia, sino su constante sabotaje.
En tiempos de descreimiento generalizado, la pregunta no es solo si esta propuesta logrará crecer electoralmente, sino si el país está dispuesto a escuchar un mensaje que exige más responsabilidad y menos espectáculo.
