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Vacancia, crimen e hipocresía política: el país no debe olvidar a los cómplices

Las movilizaciones encabezadas por jóvenes de la Generación Z y gremios de transportistas no son un estallido improvisado: son la consecuencia de meses de frustración, abandono y desconfianza hacia una clase política que ha perdido toda legitimidad. La ciudadanía ha salido a las calles a exigir cambios reales, y esta vez, no parece dispuesta a aceptar maquillajes políticos ni maniobras de último minuto.

El atentado contra la orquesta de cumbia Agua Marina, que dejó varios heridos, fue la gota que derramó el vaso. En medio de una ola de extorsiones y asesinatos, la respuesta oficial ha sido débil, tardía y desconectada de la realidad que vive la población. Frente a este escenario, las fuerzas políticas en el Congreso se han visto obligadas a sumarse al proceso de vacancia presidencial contra Dina Boluarte.

Hoy, el bloque vacador ya suma 125 votos —según los propios registros parlamentarios—, una cifra que supera ampliamente los 87 necesarios. Bancadas de izquierda y derecha, desde Fuerza Popular hasta Perú Libre, pasando por Podemos Perú, Renovación Popular y otras, han cerrado filas para retirar a Boluarte del poder.

Pero aquí está el punto clave: muchas de estas mismas fuerzas políticas blindaron al gobierno en los momentos más críticos. Lo hicieron cuando murieron manifestantes, cuando estalló el caso Rolex, cuando se destaparon escándalos de corrupción y cuando la violencia se desbordaba en las calles. Lo hicieron por cálculo, por conveniencia o por simple cobardía política.

Hoy, con una velocidad impresionante, esos mismos actores se alejan del gobierno que ayudaron a sostener, tratando de presentarse como defensores de la democracia y del pueblo. Es una cachetada a la inteligencia ciudadana.

La vacancia de Dina Boluarte no puede significar un nuevo “borrón y cuenta nueva” para quienes han sido cómplices del deterioro institucional. El país no puede permitir que una vez más los responsables se laven las manos y sigan operando desde el poder sin consecuencias.

La ciudadanía debe recordar nombres, rostros y votos. La lucha por la estabilidad, el orden y la seguridad no puede quedar en manos de los mismos que nos llevaron al borde del abismo. Si hay vacancia, también debe haber justicia política y memoria ciudadana.

Los jóvenes en las calles lo tienen claro: no basta con cambiar al presidente. Hay que cambiar el sistema de impunidad que sostiene a esta clase política. Si el pueblo olvida, ellos volverán a salirse con la suya. Si el pueblo recuerda, será el inicio de un nuevo ciclo.

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