Nueve títulos mundiales. Siete veces campeón del mundo de MotoGP. El catalán vuelve a estar en lo más alto. Marc Márquez vuelve a ser el rey. El ’93’ es, de nuevo, tras seis años de larga espera, el ‘1’. Lo atestiguó la bandera de cuadros del circuito de Motegi, que le vio cruzar segundo y romper a llorar al volver a coronarse.
La tensión se notaba en el rostro del piloto de Cervera antes de ponerse el casco para luchar por un nuevo campeonato. En su garaje, completamente solo, Marc tenía gesto serio. Sabía que hoy podía ser el día. Con ese mismo semblante puso rumbo a la parrilla. Llegó el primero para escuchar el himno. Siempre serio. Siempre concentrado en una nueva gesta.Cuando los semáforos se apagaron, los nervios se trasladaron a su box, donde su familia veía atenta la carrera. No fue la mejor salida de Márquez, que momentáneamente perdió su tercer puesto. Por delante, Pedro Acosta ascendía hasta la segunda plaza, mientras Joan Mir caía a la cuarta y el de Ducati mantenía el tercer escalón. En cabeza, un Pecco Bagnaia que se escapó en cuanto pudo.
Fueron las 24 vueltas más tensas de la carrera de Marc Márquez. Pero la presión no pudo con él. Ni la insistencia de un Joan Mir que buscaba volver al podio y le perseguía muy cerca detrás. Ahí mantuvo a su compatriota hasta el ecuador de la carrera, cuando apretó para adelantar a Pedro Acosta y ponerse segundo.
El título estaba más cerca. Más aún con Álex, su inmediato perseguidor en la clasificación, en la séptima posición, tras adelantar a un Quartararo que cometió un error y pasó de ser quinto a ser noveno. Mientras Marc, se acercaba al campeonato, Acosta perdía fuelle con su KTM: pasó de ser segundo a sexto, en un suspiro. Y con el menor de los Márquez detrás, El Tiburón de Mazarrón se fue largo y cayó a la parte de atrás, lo que dejó al piloto de Gresini sexto.
La emoción final, con el podio más que decidido, la puso el humo blanco que empezó a despedir la moto de Pecco Bagnaia. El rendimiento de la Ducati del italiano no se alteró, pero el italiano redujo el ritmo en las vueltas finales, lo que permitió a Marc Márquez recortar mucho tiempo e hizo pensar en una posible victoria del ’93’. Pero Marc solo pensaba en asegurar el campeonato.
