Entre los productos que barajan los técnicos comunitarios estarían los frutos secos, determinados quesos, los productos lácteos, los piensos y determinados fertilizantes.
Tras la ‘fumata blanca’ del pasado domingo, Bruselas y Washington están inmersos en fijar la letra pequeña del acuerdo comercial. En concreto, según informan desde Asaja, los técnicos de la Comisión Europea persiguen que se exima de arancel una lista de productos agrícolas «no sensibles» así como pesqueros e industriales. Una relación que deberá publicarse al mismo tiempo que la declaración conjunta de ambos bloques, que según las fuentes consultadas, se prevé que pueda estar preparada para finales de esta semana. Entre los productos que barajan los técnicos comunitarios estarían los frutos secos, determinados quesos, los productos lácteos, los piensos y determinados fertilizantes. De todos modos, tampoco está claro hasta qué punto dará Trump su brazo a torcer. Por lo tanto, sigue la incertidumbre ya que no están aún delimitados aspectos como el calendario de aplicación del pacto y su marco jurídico.
Un ejemplo de todo lo anterior es lo que sucederá con el vino. España exportó caldos por un montante de 334,8 millones de euros en 2024. El mercado estadounidense es el segundo mayor cliente en términos de valor para los vinos españoles y el sexto en volumen. Además, somos el cuarto mayor exportador de este tipo de producto en el país de Trump. Según Asaja, Bruselas tendría las conversaciones con los estadounidenses «más avanzadas» en el caso de las bebidas espirituosas que en el caso del vino. Fuentes de la Federación Española del Vino (FEV) están convencidos de que «habrá que seguir negociando» y ven todavía opciones de que el vino sea incluido. Al respecto, recuerdan que al nuevo arancel (15%) cabría añadir una tasa de cambio que estiman en un porcentaje similar. Lo que supondrá otro sobrecoste para los exportadores españoles.
Al respecto, la profesora de EAE Business School y asesora especializada en internacionalización María Ángeles Ruiz Ezpeleta, cree que Bruselas ha negociado «bien» y argumenta que si el arancel máximo que se imponga va a ser del 15% «algunos productos ya tienen el 10%» y, por lo tanto, estaríamos ante un aumento real «de solo el 5%». Como ejemplo, recuerda que el cava cuenta en la actualidad con una tarifa próxima al 10%. Un sobrecoste que, a juicio de esta experta, se puede incurrir si se elige mal el transporte y remite a lo sucedido durante el primer mandato de Trump (2017-2021) cuando, en su opinión, las exportaciones no mermaron de forma relevante. En esta línea, pone de relieve la dificultad de implantar aranceles como los que se proponen porque «hay hasta 97 capítulos arancelarios con sus partidas, subpartidas,…». Ezpeleta cita que solo el capítulo 22, el de las bebidas, cuenta con un «montón» de partidas.
Otra dificultad reside en que muchos de los productos que se quieren incluir en el listado ya están sujetos a aranceles de «alrededor del 2 o 3%» y, en teoría, según la propia Comisión el acuerdo con Trump establece un arancel único y fijo del 15% aunque desde el lado estadounidense se viene hablando de «aranceles adicionales». ¿Una mera cuestión semántica? Como recuerdan desde la citada organización agraria, todo esto añade un obstáculo más a los técnicos de Bruselas: Si están ya sujetos a arancel, y este no es cercano a cero, será complicado que entren dentro de la categoría de productos «no sensibles».
En cualquier caso, en Bruselas dibujan como líneas rojas los «productos sensibles» y las políticas sanitarias o fitosanitarias sobre las cuales no tienen previsto realizar concesiones a los estadounidenses. Algo que, según las fuentes consultadas, quedaría relegado a nuevas negociaciones que buscarían reducir los derechos de aduana y eliminar las denominadas barreas no arancelarias avanzando en la cooperación económica entre ambas orillas del Atlántico.
