La cuenta atrás hacia la reunión de la Reserva Federal (Fed) del 16 y 17 de septiembre mantiene a los mercados en vilo. La posibilidad de un recorte de tipos vuelve a ocupar los titulares financieros después de que su presidente Jerome Powell haya reconocido que la economía estadounidense muestra señales de enfriamiento en el empleo. Según Reuters, la probabilidad de un recorte de 25 puntos básicos ya supera el 85%.
Este posible viraje de la Fed hacia una postura más acomodaticia no se limita a un simple cambio en el tipo de interés. Marca un punto de inflexión en la narrativa macroeconómica y reconfigura las estrategias de inversión. La reducción del precio del dinero puede beneficiar a una variedad de activos, especialmente aquellos que históricamente muestran sensibilidad a la política monetaria expansiva.
El oro ha superado los 3.600 dólares por onza este verano, alcanzando un máximo histórico. La caída de los rendimientos reales y la debilidad del dólar refuerzan su atractivo. ETFs como el SPDR Gold Trust y compañías como Royal Gold han registrado fuertes avances. En este entorno, el oro se vuelve una reserva de valor apreciada, especialmente cuando las expectativas de inflación se mantienen contenidas pero el retorno real cae. El metal precioso, que no paga intereses, gana protagonismo cuando el coste de oportunidad disminuye, y además funciona como cobertura frente a la volatilidad en los mercados bursátiles.
Los bonos con vencimientos de dos a cinco años han recuperado el interés de los inversores. BlackRock destaca que, en ciclos de recortes, este tramo de la curva suele ser el más beneficiado. Los precios se ajustan al nuevo entorno de tipos, lo que genera ganancias de capital para los tenedores actuales. Un ejemplo claro es el ETF iShares 7–10 Year Treasury Bond, que ha comenzado a reflejar este movimiento. Además, la deuda corporativa de alta calidad también se beneficia por la mejora en los spreads crediticios, en un contexto donde el costo de financiamiento baja y el riesgo sistémico se percibe como contenido.
Las tecnológicas se perfilan como líderes en un entorno de tipos más bajos. Apple, Microsoft y Nvidia, entre otras, ya capitalizaron los recortes de 2019 y 2020. Los tipos reducidos aumentan el valor presente de sus beneficios futuros, lo que impulsa sus valoraciones. ETFs como XLK y VGT han ganado interés en las semanas previas a la reunión. Además, la menor presión sobre el coste del capital facilita mayores niveles de inversión en investigación, desarrollo y expansión, lo que a su vez refuerza el círculo virtuoso de crecimiento en el sector.
Por otro lado, UBS ha señalado oportunidades específicas en los sectores de semiconductores e inteligencia artificial (IA). Incluso tras retrocesos recientes en valores como Nvidia, Broadcom y AMD. El banco sugiere que las caídas han abierto puntos de entrada atractivos, respaldados por fundamentos sólidos a largo plazo.
Las aplicaciones de IA están cada vez más integradas en sectores productivos, y el respaldo monetario puede acelerar su adopción. En este sentido, el enfoque no está solo en las grandes tecnológicas, sino también en empresas proveedoras de infraestructura, centros de datos y software especializado.
Las empresas con balances robustos, baja exposición a deuda y presencia en sectores defensivos podrían ofrecer estabilidad y crecimiento moderado. En un entorno de tipos a la baja, estos perfiles equilibran riesgo y retorno, atrayendo capital más conservador.
Las aseguradoras, en particular, pueden beneficiarse si han estructurado sus inversiones en instrumentos que ganan valor con la caída de tipos. Además, sectores como el de salud, consumo básico y servicios públicos suelen mostrar resiliencia y mantener márgenes estables incluso en condiciones de política monetaria más flexible.
Una Fed en modo expansivo también tiende a elevar la tolerancia al riesgo entre los inversores. Esto se traduce en mayor apetito por activos emergentes y estrategias de yield enhancement (mejoras de rendimiento). Sin embargo, la historia muestra que los ciclos de recortes suelen ir acompañados de episodios de volatilidad. Septiembre, de hecho, es tradicionalmente un mes complicado para los mercados. Según datos de Investopedia, el S&P 500 ha mostrado caídas promedio del 0,5% en los últimos 50 años durante este mes.
Por ello, los gestores de fondos y hedge funds están adoptando estrategias mixtas: mantener exposición a activos sensibles al recorte, mientras protegen el riesgo de posibles pérdidas con coberturas. De acuerdo con las cifras recopiladas por Reuters, muchas posiciones siguen siendo conservadoras, a pesar del optimismo generalizado. Si el recorte se confirma, podría ser el inicio de un ciclo más amplio. UBS prevé hasta 100 puntos básicos de recortes acumulados en los próximos meses desde el nivel actual situado entre el 4,25% y el 4,5%. Este tipo de escenario históricamente ha ofrecido un entorno fértil para los activos que combinan crecimiento, calidad y refugio.
