A pesar de haber sido tratado durante mucho tiempo como un paria por Occidente y de estar aislado por las sanciones estadounidenses, el gobierno islámico revolucionario de Irán mantuvo lazos diplomáticos, comerciales y militares con diversos países.
Turquía e India sostenían con él relaciones comerciales y de seguridad. China recurría a Irán en busca de petróleo barato. Corea del Norte, Venezuela y Rusia lo consideraban un aliado en su lucha contra Occidente y conspiraban con él para desarrollar tecnología militar y subvertir las sanciones.
Ahora que Irán se encuentra bajo el ataque de Estados Unidos e Israel, esos amigos, vecinos y socios tienen poco más que palabras que ofrecer a la República Islámica. Ellos mismos podrían convertirse en objetivos. El miércoles, Turquía dijo que la OTAN había derribado un misil balístico disparado desde Irán que se dirigía al espacio aéreo turco. El jueves, Irán negó haber apuntado a Turquía.
Sin verdaderos aliados, es una guerra solitaria para Irán.
Esto es producto, según los expertos, de la política exterior del país, que ha rehuido los compromisos con otras naciones mientras invertía en milicias que comparten su odio alentado religiosamente contra Estados Unidos e Israel.
Esas milicias no pueden ayudar a Irán ahora. Las más formidables de ellas, Hizbulá en Líbano y Hamás en Gaza, han sido devastadas por las guerras con Israel. Las milicias hutíes en Yemen y los grupos armados iraquíes respaldados por Irán pueden atacar barcos en el mar Rojo o fuerzas estadounidenses en Irak. Pero es poco probable que tales ataques cambien el curso de una guerra dentro de Irán.
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Las relaciones de Irán con otras naciones tampoco se han traducido en un apoyo concreto, ni siquiera de aquellas unidas por su animadversión hacia lo que consideran el imperialismo occidental.
“Es una dura dosis de realidad para los que creían que existía un eje antioccidental emergente”, dijo Sinan Ulgen, exdiplomático turco y director de Edam, un laboratorio de ideas con sede en Estambul.
