Durante décadas, las ballenas francas australes regresaron de a poco a las costas de Australia después de que la caza comercial las llevara cerca de la desaparición en el siglo XIX. Ahora, un estudio identificó que la recuperación de la especie vino acompañada de un cambio en la forma en que las hembras eligen las zonas de cría: en vez de volver siempre a la bahía donde nacieron, parecen concentrarse en áreas donde ya hay otras ballenas.
La investigación, publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences, fue realizada por especialistas del Instituto de Estudios Marinos y Antárticos de la Universidad de Tasmania (IMAS) y de la División Antártica Australiana. El equipo analizó censos aéreos realizados entre 1976 y 2023 para reconstruir cómo cambió la presencia de madres y crías de Eubalaena australis en el litoral australiano.
Los resultados cuestionan una idea extendida entre los científicos: que las hembras conservaban una fidelidad estricta al sitio donde habían nacido y que, por eso, regresaban a la misma bahía para parir y alimentar a sus crías.
Al comienzo de la recuperación posterior a la prohibición de la caza, en la década de 1970, apenas unas pocas ballenas francas australes visitaban cada invierno las aguas costeras australianas. Con el paso de los años, el número de pares de madre y cría creció hasta alcanzar varios cientos.
La expansión no siguió un patrón uniforme. Según el estudio, cuando la población era muy reducida, los ejemplares aparecían de forma dispersa en distintos ambientes adecuados para la reproducción. No había una bahía que concentrara de manera sostenida a un número elevado de individuos.
La investigadora del IMAS, Anne Grundlehner, explicó que la situación cambió a medida que aumentó la abundancia de ballenas en la costa. “Cuando las ballenas aún eran una rareza a lo largo de la costa, las pocas que visitaban nuestra costa parecían estar distribuidas al azar en hábitats adecuados. No había ningún lugar que destacara como punto clave”, afirmó.
Más tarde surgieron áreas de agregación. El término alude a sitios que son utilizados de manera repetida por un número considerable de animales. Tres de esas áreas registraron un aumento de ballenas mucho más acelerado que el resto, de acuerdo con el análisis de los censos.
Para los autores, ese cambio sugiere una modificación en la conducta de las hembras durante la temporada de cría. Las bahías poco profundas y semicerradas continúan siendo importantes por las condiciones que ofrecen para el nacimiento y la lactancia, aunque la presencia de otras ballenas también parece influir en la elección del lugar.
La explicación planteada por los investigadores se aleja de la hipótesis de una fidelidad absoluta a la bahía natal. En cambio, propone que las ballenas combinan su preferencia por ciertos hábitats con señales sociales vinculadas a la presencia de otros ejemplares.
“En lugar de que las ballenas regresaran a los lugares donde nacieron, como se creía comúnmente, parecían sentirse cada vez más atraídas por lugares donde se reunían grandes cantidades de ballenas de la misma especie”, sostuvo Grundlehner.
La diferencia es relevante para entender el proceso de recuperación. Una hembra puede mantener afinidad por una región costera amplia, sin necesidad de utilizar siempre la misma bahía. El estudio señala que esa escala regional podría abarcar hasta 1.000 kilómetros de costa.
Dicho de forma simple, una ballena no tendría que volver cada temporada al mismo punto exacto donde nació. Podría desplazarse dentro de una extensa franja del litoral y optar por una bahía que reúna condiciones favorables y, a la vez, concentre a otras madres con crías.
Este comportamiento permitiría explicar por qué determinadas zonas se convirtieron en focos de agrupación durante las primeras décadas de recuperación poblacional. La presencia de varias hembras en una misma área podría atraer a nuevos individuos y reforzar el uso de ese sitio en los años siguientes.
El profesor asociado Stuart Corney, investigador del IMAS y coautor del trabajo, indicó que los resultados obligan a revisar algunas hipótesis sobre la dinámica de esta población.
“En cambio, a medida que la población crecía, las ballenas hembras tenían más probabilidades de elegir zonas de cría donde hubiera otras ballenas”, señaló Corney.
La fidelidad al sitio es un concepto utilizado para describir la tendencia de ciertos animales a regresar a un mismo lugar para alimentarse, reproducirse o descansar. En el caso de las ballenas francas australes de Australia, el estudio sugiere que esa fidelidad existe, aunque opera a una escala más amplia de la que se suponía.
La selección del hábitat no depende solamente de las características físicas de una bahía. También responde a la cantidad de ballenas presentes y a mecanismos de comportamiento que pueden cambiar cuando la población crece.
Grundlehner resumió esa relación al afirmar que “el uso del hábitat está determinado por una interacción entre las preferencias de hábitat, los mecanismos de comportamiento y las densidades de población”.
Las conclusiones llegan después de otro trabajo liderado por el IMAS que advirtió que la recuperación de las ballenas francas australes en aguas australianas se había frenado y que sus números seguían por debajo de los niveles previos a la caza comercial.
La especie fue perseguida de forma intensiva en el siglo XIX. La prohibición de su captura en la década de 1970 permitió el regreso gradual de madres y crías a zonas costeras australianas. Aun así, el crecimiento no alcanzó las cifras que se estiman para el período anterior a la explotación ballenera.
Por eso, conocer qué lugares utilizan las hembras y por qué los eligen puede aportar datos para las estrategias de conservación. Las áreas de agregación pueden requerir una atención especial frente a actividades que alteren el ambiente costero, como el tránsito marítimo, el desarrollo urbano, la contaminación o las perturbaciones en las zonas de cría.
El análisis de casi medio siglo de censos aéreos muestra que la recuperación de una especie no depende únicamente de que se elimine una amenaza directa. También intervienen cambios en el comportamiento colectivo, en la distribución de los individuos y en su relación con el entorno.
