Medio Ambiente

Momias congeladas, armas antiguas y rutas vikingas: los secretos que el hielo revela después de siglos

El cambio climático acelera el retroceso de glaciares y masas de hielo en distintos continentes, y deja al descubierto objetos preservados durante milenios. Desde momias prehistóricas hasta antiguos pasos de montaña y bosques de más de 5.000 años, los hallazgos permiten reconstruir aspectos de la vida cotidiana de sociedades del pasado y de los cambios ambientales que experimentaron.

Sin embargo, la aparición de estos vestigios también representa una urgencia para los arqueólogos. Una vez expuestos, los materiales orgánicos pueden deteriorarse rápidamente, ser arrastrados por el agua del deshielo o secarse y dispersarse por acción del viento. Objetos que permanecieron protegidos durante siglos corren el riesgo de desaparecer antes de que los investigadores puedan recuperarlos.

Un estudio publicado en Nature en febrero de 2025 determinó que los glaciares del mundo, sin incluir las grandes capas de hielo de Groenlandia y la Antártida, perdieron un promedio de 273.000 millones de toneladas de hielo anuales entre 2000 y 2023. La investigación también identificó una aceleración del 36% en el ritmo de pérdida entre la primera y la segunda mitad de ese período.

“Es un gran congelador histórico, y el congelador ya no funciona”, señaló el arqueólogo Espen Finstad, integrante del programa noruego de arqueología glacial Secretos del Hielo. Según explicó, algunos objetos reaparecen en un estado de conservación extraordinario, comparable al que tenían cuando quedaron atrapados en el hielo.

Uno de los descubrimientos más conocidos es el de Ötzi, el Hombre de Hielo. En septiembre de 1991, dos excursionistas alemanes encontraron un cuerpo que sobresalía del hielo en los Alpes de Ötztal, cerca de la frontera entre Italia y Austria. Su conservación era tan notable que inicialmente se pensó que pertenecía a un montañista fallecido recientemente.

Los análisis de radiocarbono establecieron que tenía aproximadamente 5.300 años de antigüedad. Los investigadores identificaron tatuajes en su piel, reconstruyeron aspectos de su alimentación y determinaron que había sufrido una herida de flecha. La punta de sílex permanecía incrustada en su hombro izquierdo, mientras que el orificio de entrada se encontraba en la espalda.

“Por primera vez, teníamos una idea de cómo se vestía la gente en ese período”, explicó Andreas Putzer, investigador del Museo Arqueológico del Tirol del Sur, en Bolzano, Italia, donde se conserva la momia. La ropa, las armas y otros elementos encontrados junto al cuerpo aportaron información excepcional sobre la vida durante la Edad del Cobre.

Entre esos objetos sobresale un hacha cuya hoja fue elaborada con cobre procedente del sur de Toscana, a cientos de kilómetros del lugar del hallazgo. La procedencia del metal ofrece indicios sobre la circulación de materias primas y los contactos entre comunidades de aquella época.

El estudio de su material genético también permitió revisar las reconstrucciones anteriores sobre su apariencia. Un análisis publicado en 2023 indicó que Ötzi tenía una pigmentación de piel más oscura de lo que se había considerado inicialmente y presentaba predisposición genética a la calvicie, aunque ese dato no permite determinar con certeza cuánto cabello conservaba cuando murió.

A miles de kilómetros del lugar donde se encontró a Ötzi, el retroceso de una masa de hielo dejó expuestos restos de un antiguo bosque de pinos de corteza blanca en las Montañas Rocosas de Estados Unidos.

Los árboles, desprendidos de sus tocones y recostados horizontalmente, habían permanecido protegidos durante milenios. La conservación de la madera llamó la atención de los investigadores. “Todavía olía fuertemente a pino”, describió Craig Lee, investigador vinculado a la Universidad Estatal de Montana.

El hallazgo permitió identificar un bosque que creció durante un período cálido del Holoceno medio, a unos 180 metros por encima de la actual línea de árboles. Los restos tienen una antigüedad aproximada de entre 5.440 y 5.950 años.

El estudio de los anillos de crecimiento y de las condiciones del antiguo bosque permite reconstruir cambios climáticos y ecológicos de largo plazo, incluidos los desplazamientos de la vegetación de alta montaña y las transformaciones de las masas de hielo.

La presencia de aquellos pinos muestra que el paisaje experimentó variaciones importantes a lo largo de miles de años. Los restos también aportan información sobre las condiciones que permitieron el crecimiento del bosque y los cambios posteriores que favorecieron su desaparición y preservación bajo el hielo.

El derretimiento de una masa de hielo en Lendbreen, Noruega, permitió recuperar numerosos objetos pertenecientes a personas que atravesaron ese paso de montaña durante distintas épocas.

Las investigaciones arqueológicas indican que la ruta estuvo en uso aproximadamente entre los años 300 y 1500, desde la Edad del Hierro romana hasta el final de la Edad Media. Su actividad alcanzó uno de sus momentos de mayor intensidad alrededor del año 1000, durante la época vikinga, pero su historia no se limita a ese período.

“Usaban este sendero como una vía rápida y fácil para cruzar las cumbres”, explicó Julian Post-Melbye, especialista del Museo de Historia Cultural de la Universidad de Oslo, al describir el aprovechamiento de estos caminos de montaña.

Los arqueólogos recuperaron herraduras, restos de trineos, huesos de animales de carga, prendas de vestir, calzado y otros objetos cotidianos. Los materiales corresponden a diferentes siglos y permiten estudiar actividades vinculadas con el transporte, la ganadería, los desplazamientos regionales y el intercambio de productos.

“Esto es basura de alta calidad de la prehistoria”, comentó Post-Melbye sobre el valor de los objetos descartados o perdidos por los antiguos viajeros. Según explicó, estos materiales permiten ampliar la reconstrucción histórica más allá de las élites y conocer aspectos de la vida de agricultores, artesanos, familias y otras personas que utilizaban las rutas.

Pero el tiempo disponible para recuperar estas piezas es limitado. Los materiales pueden perder su integridad al quedar expuestos a la lluvia, la radiación solar, el viento y el agua del deshielo. Los especialistas advierten que algunos objetos pueden deteriorarse rápidamente, mientras que otros desaparecen al ser arrastrados fuera de los lugares donde permanecieron conservados.

“Quizás dentro de 20 años sea demasiado tarde. Si no actuamos, desaparecerá para siempre”, advirtió Finstad sobre la necesidad de intensificar los trabajos de arqueología glacial antes de que el retroceso del hielo destruya testimonios que sobrevivieron durante siglos.

 

 

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