Tuve la oportunidad de participar en uno de los debates electorales organizado por el Jurado Nacional de Elecciones, precisamente, el realizado en Huánuco. Y además de presentar las propuestas de la alianza electoral con la que me estoy postulando, extraje algunas conclusiones sobre la utilidad de dichos debates, que comparto:
1 Permiten saber qué organizaciones han tomado en serio el proceso electoral. Pues los motivos por las que algunas no participan pueden ser por falta de interés en exponer propuestas en un entorno imparcial, público y con formalidades o por carecer de ellas. En cualquiera de los casos, eso evidencia una incomprensión de la importancia del proceso electoral, que es uno de selección de gobernantes y representantes para legislar en nombre y en favor de más de 30 millones de personas.
Por eso no sólo ha llamado la atención la ausencia de varias organizaciones contendientes, sino la presencia de una candidata que indicó que acudía a pesar de la decisión de su organización – Renovación Popular, en Huánuco -de no participar en el segmento que le correspondía.
Asimismo, habiendo aceptado participar, un criterio central para medir la seriedad del compromiso asumido por las organizaciones postulantes, es la preparación de las candidaturas. Pues el formato exigía manejar las propuestas de la organización política. Si bien lo exiguo del tiempo asignado – 2 minutos de exposición, 30 segundos de pregunta y 30 segundos de respuesta – implicaba una selección muy acotada de las propuestas, se podía apreciar quiénes tenían algo relevante que proponer.
2 Permiten identificar coincidencias y diferencias sustantivas . Un problema profundo de la representación de la pluralidad política es la creencia de buena parte de la ciudadanía de que “todos son iguales”, “más de lo mismo”. En los debates puede verse, tanto por la distinción entre quiénes tienen algo que proponer de los que no, como por la diferencia de enfoques para encontrar respuestas a los mismos problemas, que sí existen diferencias sustanciales entre las organizaciones contendientes. Pero también permiten acercar posturas al descubrirse que son complementarias o similares, lo que podría ayudar a reducir la actual dispersión extrema de organizaciones políticas.
3 Permiten recordar algunas reformas imprescindibles para contar con un sistema de partidos funcional a la participación democrática: si se quiere gobernar, legislar o representar democráticamente, es imprescindible que las personas que serán gobernadas y representadas, tengan la oportunidad de saber el sentido del gobierno y la representación. Por ende, la negativa a presentar las propuestas que informen de dicho sentido, debería ser causal de exclusión de la contienda democrática. Algo similar debe plantearse respecto del Pacto ético electoral: su incumplimiento debería tener consecuencias, no necesariamente la exclusión del proceso; pero al menos la evidencia pública del desinterés en respetar compromisos formales y públicos.
Sólo estableciendo consecuencias a nuestras faltas, se pueden corregir inconductas, en todos los ámbitos de la vida, desde la niñez. Por el contrario, la impunidad de las mismas sólo estimula su repetición y agravamiento. Una democracia requiere responsabilidad en los interesados en gobernar o representar. Por lo pronto y hasta que no se den las nuevas normas constitucionales y legales imprescindibles para asegurar un sistema democrático en nuestro Perú, nos queda a los electores y electoras, establecer esas consecuencias en las urnas.
Pier Paolo Marzo R.
