Opinión

Europa, qué pena me das

Qué pena me da verte así, Europa. Otrora altiva, encumbrada, ostentosa, hoy te descubres cada día más vieja, menos cortejada, ya sin la centralidad que alguna vez tuviste en el mundo. Tu poder económico y político se ha ido diluyendo hasta volverse casi decorativo; tu bulla, tus escándalos, ya no tienen correlato en la realidad.

¿Tendrás, en algún momento, políticos más originales, más realistas, capaces de ubicarte donde realmente corresponde? Durante siglos dominaste colonias y excolonias que alimentaron tu riqueza. Pero esas fuentes se han agotado, y lo que antes fluía con abundancia ya no llega con la misma fuerza. La tendencia es clara: sigues cayendo, y tu destino parece ser el de un continente que se encamina a convertirse en un segundo mundo… y quizá, algún día, en un tercero.

Tus ciudadanos todavía disfrutan de un nivel de vida sostenido por un subsidio histórico —el expolio colonial— que hoy ya no existe. Solo con tu propio esfuerzo, difícilmente podrás mantener esa ilusión de prosperidad.

Y, sin embargo, lo más incomprensible es tu actual liderazgo: alejado de la realidad, obnubilado por el odio, incapaz de ofrecer un rumbo distinto, pero dispuesto a arrastrar a tus pueblos a la guerra. ¿Será esa la estrategia? ¿Encender los tambores bélicos para reactivar tu industria de defensa? Tal vez. Pero, desde este lado, lo único que queda es la incomprensión.

Antes fuiste motivo de admiración. Hoy, Europa, solo causas pena.

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