La publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) de Estados Unidos, actualiza la “Doctina Monroe”, base del imperialismo de ese país, con el «Corolario Trump», que declara buscar que el hemisferio occidental sea una zona libre de «incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave» , situando al Perú y sus recursos naturales, en el centro de una renovada tensión geopolítica.
El antecedente imperialista: La doctrina Monroe en el siglo XX.. Esta doctrina nació el siglo XIX como defensa continental frente a las agresiones imperialistas europeas. Y a comienzos del siglo XX, tuvo como principal exponente a Teodoro Roosevelt, quien en 1904 expresó el lema “América para los americanos” en el Corolario Roosevelt, comenzando una serie de intervenciones imperialistas de Estados Unidos, en tres fases:
Una económica, en la que empresas de ese país tomaron el control de los recursos naturales de los países de Latinoamérica, básicamente recursos alimentarios -caña de azúcar, plátanos “bananas” que dieron origen a la descripción “repúblicas bananeras”- y recursos minerales. En Perú la hacienda Gildemeister en La Libertad fue emblemática del primer tipo. Y del segundo, la International Petroleum Corporation con su yacimientos en Talara, la Cerro de Pasco Cooper Corporation y la Southern Peru Cooper Corporation, que implementaron economías de enclave, es decir, que tenían conexiones directas con sus matrices en Estados Unidos, sin generar ningún desarrollo para los territorios en donde se encontraban. De la abundante literatura al respecto podemos destacar la historia relatada en la zarzuela El cóndor pasa, en la que los antagonistas, mister King y mister Cup, son ejecutados por los trabajadores Higinio y Frank, luego de soportar crueles abusos.
Una segunda fase fue la injerencia política, apoyando a dictaduras afines a Washington, como la de Leguía en Perú, desestabilización de gobiernos democráticos o nacionalistas, y presión diplomática para alinear políticas internas y externas.
Y cuándo la diplomacia del dólar no funcionaba, se blandió sobre los países “el gran garrote”, la intervención militar directa y brutal, como los desembarcos de marines en Nicaragua, Haití, República Dominicana y Cuba, y en la última parte del siglo XX, Granada y Panamá, estableciendo protectorados.
Esta historia de injerencia generó una respuesta en la región: el antiimperialismo. Figuras como José Carlos Mariátegui y el joven Víctor Raúl Haya de la Torre en Perú y Augusto César Sandino en Nicaragua, entre otros, forjaron una conciencia de soberanía y resistencia frente a la hegemonía estadounidense, marcando la política latinoamericana todo el siglo XX.
Hoy día. el «Corolario Trump» de la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos es una actualización del Corolario Roosevelt, reemplazando la amenaza del colonialismo europeo por la de las «potencias adversarias» (básicamente China y Rusia), poniendo de pretexto a las «organizaciones criminales transnacionales» (OCT) . Para las regiones del Perú, las implicaciones se manifiestan en dos aspectos:
1 La seguridad hemisférica. Bajo el pretexto de la cooperación contra el narcotráfico y las organizaciones criminales transnacionales, se busca intensificar la presencia militar estadounidense en el Perú. De hecho se acaba de autorizar la presencia de militares en Perú por un año completo en todo el territorio nacional, ampliando el alcance de autorizaciones en años anteriores.
2 La protección de las cadenas de suministro críticas para Estados Unidos. Es decir, nuestros recursos naturales como el cobre y los fosfatos (Estados Unidos extrae de Perú el 98% del total de sus importaciones de roca fosfórica). Así como la infraestructura portuaria.
Así como en el siglo XX, hoy hay gobernantes que han declarado su sumisión al gobierno de Estados Unidos (Noboa en Ecuador, Milei en Argentina y Kast en Chile). Pero Estados Unidos, aunque mantiene la capacidad de asesinar pescadores y migrantes precarios vía su flota desplegada en aguas internacionales frente a Venezuela y Colombia, ha perdido el liderazgo industrial y comercial y su moneda se encuentra debilitada. En estas circunstancias, corresponde actualizar el antiimperialismo como base de un nuevo impulso de cooperación internacional latinoamericana, que sustente la afirmación de la soberanía nacional sobre los recursos naturales y el destino de nuestros pueblos.
