Opinión

Pier Paolo Marzo R.: ¿Qué nos muestra la elección de mesas directivas del Senado y Cámara de Diputados?

El domingo 26 de julio en la mañana el keikismo tenía todo el poder en Perú: el presidente del Congreso que termina su período, Fernando Rospigliosi, de Fuerza Popular, le cedió la posta a las Juntas Preparatorias del nuevo período congresal, presididas por él mismo en el Senado y por su compañera de partido Cecilia Chacón, en la Cámara de Diputados. Sin embargo, al terminar el día habían perdido la conducción en esta última, con 56 votos frente a los 74 de la oposición unida y retenido la del Senado; pero con la mínima diferencia, 30 votos contra 29 que alcanzó la oposición, gracias a un voto viciado presuntamente comprado por Fuerza Popular a una integrante invitada de la bancada de Juntos por el Perú. Un ejemplo de victoria pírrica. Como se recuerda, Pirro rey de Epiro, tras vencer a los romanos en la batalla de Asculo (279 a.C) exclamó: “Otra victoria como esta y estaremos perdidos”. Su ejército había quedado tan diezmado por bajas insustituibles que el triunfo resultó más costoso que una derrota. Mientras que Fuerza Popular ha quedado en evidencia respecto de sus malas artes, de su falta de fiabilidad, más allá de las palabras del ahora presidente del Senado y de su incapacidad para expandir su soporte político más allá de su vieja alianza con Renovación Popular.

Esa falta de fiabilidad había tenido otra muestra días antes, cuando la señora Keiko Fujimori, había hecho una declaración que contrasta con su práctica: lamentó recibir el Estado en un “estado catastrófico”, como si no supiéramos que al menos cinco ministros del actual régimen, iniciado con Dina Boluarte en diciembre de 2022, han sido puestos por Fuerza Popular: Miriam Ponce Vértiz (Educación), Rómulo Mucho Mamani (Energía y Minas), José Arista Arbildo (Economía y Finanzas), Juan José Santiváñez Antúnez (Interior) y Amadeo Flores Carcagno (Defensa). Además, con sus aliados congresales, Fuerza Popular ha puesto al Defensor del Pueblo, a integrantes del Tribunal Constitucional, al Contralor General del Estado y, de forma indirecta, a la Junta Nacional de Justicia y, por su intermedio, al Fiscal de la Nación. Es más, la señora Keiko Fujimori parece olvidar que quien presidió el Congreso desde 2025 fue su leal adepto, Fernando Rospigliosi, y que desde allí se manejaron las presidencias de Jerí y Balcázar, a quien se le llegó a dar indicaciones para cerrar una compra de aviones de guerra y pagar un adelanto a la empresa vendedora, algo de competencia del Poder Ejecutivo. Sin duda, la situación catastrófica se debe a su control del Estado.

En vez de mentir con las causas de la situación del país que reciben y comprar votos para forzar el control de una Cámara, les habría convenido escuchar misa ese domingo y repetir al pedido que Salomón le hace a Dios: “Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, para discernir entre lo bueno y lo malo” (I Reyes, 3, 9). De no corregir la falta de discernimiento que evidencian sus acciones, su gobierno acelerará el declive iniciado en su inicio.

Del otro lado, la jornada muestra que no se concretaron los temores de que la bancada de Buen Gobierno pactaría con el keikismo: todos sus congresistas, en las dos cámaras, cumplieron los acuerdos de votar por las respectivas listas de oposición, transparentando sus votos, al igual que casi todos los demás. La presunta traición habría venido de una congresista reelecta como invitada en la bancada de Juntos por el Perú, quien llegó al Congreso con Perú Libre en 2021. Ella ha negado la acusación, argumentando que no mostró su voto por “un simple descuido”. Pero en la primera votación también hubo un voto viciado.

Esta presunta traición vuelve a traer el mismo problema que se evidenció con la elección de José Balcázar en la presidencia del Congreso para que ocupe la Presidencia de la República: la opacidad de la elección de cargos congresales, generada por el artículo 12 del Reglamento del Congreso. Dicho artículo establece que los y las congresistas votan por los integrantes de las mesas directivas mediante cédulas que se depositan en un ánfora.

Una nueva Constitución tendrá que incorporar el principio de publicidad de las votaciones de los congresistas, como expresión de su condición de representantes que deben dar cuentas a sus electores. Y esto no supone mandato imperativo: el congresista podrá votar por quien desee, sólo que transparentemente. De esta manera se reducirá el margen de maniobras en la oscuridad, lo que puede frenar negociaciones “bajo la mesa” o abiertamente traidoras. Y si bien la transparencia en los votos puede implicar exposición a presiones, estas son parte natural de la función congresal. El reto es saber gestionarlas. A la larga, así como la verdad nos hará libres, la transparencia hará confiables a nuestras instituciones y quiénes las integren.

 

 

 

 

 

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