Opinión

¿Qué lecciones para la vida ciudadana nos deja el mundial de fútbol?

El domingo en que se jugó la final de la Copa Mundial de fútbol, tuvimos a buena parte del mundo enganchado con la suerte de los equipos de España o Argentina. Y no es que se hayan olvidado los afectos por nuestros preferidos, en cualquier continente. Sino que las normas llevan a que en las finales sólo queden dos contendores, así que si queremos participar emotivamente, tenemos que tomar partido por uno u otro. Y a nadie se le ocurre hablar de “polarización deportiva”. Lo que nos facilita mostrar que algo parecido ocurre con los afectos políticos: que las normas electorales exijan que sólo las dos opciones más votadas compitan por los votos ciudadanos en la segunda vuelta, no significa que haya una polarización política. Menos en un país como Perú, que está atravesando un período de alta fragmentación. No nos dejemos engañar por discursos de falsa polarización, que invisibilizan la pluralidad de demandas y sectores que conforman la verdadera base social de un país.

Tampoco nos dejemos engañar por falsedades, ni siquiera cuando haya sospechas, como las que se levantaron respecto de un supuesto favoritismo de la FIFA por Messi y su equipo de Argentina. Sospechas que llevó a que algunas personas señalen que el chip que ahora se coloca en los balones «ayuda a Messi a controlar la trayectoria del balón». Olvidando que estos aditamentos, en realidad, son sensores de seguimiento electrónico instalados para determinar si el balón cruzó la línea de meta y proveer datos en tiempo real al VAR. Pero el mecanismo de formación de esa creencia absurda opera de la misma forma para otras de nuestra vida social reciente, como las teorías de las «chips en las vacunas» u «homosexualización de niños», o de nuestra vida política, donde se afirma que «vienen los comunistas a expropiar nuestros bienes y las fuentes de ingresos» o, más disparatadas aún, que «resurge el terrorismo». En todos los casos estamos ante afirmaciones que se pretenden hacer pasar como realidades a fuerza de la repetición, anulando el libre pensamiento para llevar a quiénes crean en esas afirmaciones hacia acciones en favor de quiénes las emiten, a veces incluso en perjuicio de quiénes las repiten.

Por el contrario, los resultados suelen ser consecuencia de procesos continuos: a las finales llegaron los equipos con una sólida institucionalidad futbolística, que preparan de jugadores desde la infancia y juventud y que desde hace décadas llegan allí. Aunque a veces podemos atestiguar tristes decadencias, como la ocurrida con la selección de Brasil, que abandonó el «jogo bonito» que lo identificaba y que lo llevó a ser sexta campeón. Algunos atribuyen esta pérdida de identidad, en parte, a la adhesión de varios jugadores a cultos plagados de prohibiciones, en base al uso de fragmentos de la Biblia sacados de contexto. Estas prohibiciones han coartado las manifestaciones del sincretismo religioso propio de la cultura brasileña, que antes se expresaba con libertad y creatividad en su fútbol. Estaríamos ante un caso donde el empobrecimiento cultural ha llevado a debilitar una institución central, el fútbol en la vida brasileña.

Pero también hemos visto el ascenso de nuevos actores futbolísticos: países asiáticos y africanos con capacidad y decisión de dar pelea a los ya consagrados: Egipto, Marruecos, Cabo Verde e Irán entre los más destacados. Y que además del juego han sabido llevar a la cancha mensajes trascendentes, como el de apoyo a la causa palestina. El caso de Irán merece destacarse especialmente: para contrarrestar la desventaja en que el gobierno de Donald Trump puso a sus jugadores, obligándolos a no pernoctar en Estados Unidos antes de cada partido, desarrollaron una férrea defensa que los llevó a no perder ningún partido, pudiéndose retirar invictos del campeonato mundial. Esta gesta podría verse como una metáfora de la guerra defensiva que sostiene la nación persa contra la agresión ilegal, conforme al Derecho Internacional, por parte de Estados Unidos. Una clara lección de que, incluso frente a los más grandes poderes, la resistencia es posible cuando hay voluntad y estrategia.

¿Qué otras lecciones para la vida te han dejado esta copa mundial?

Pier Paolo Marzo R.

 

 

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