Lampadia se presenta como un espacio de defensa de la economía de mercado y la democracia liberal. Sin embargo, en el debate político peruano, su voz, en lugar de consolidar una corriente liberal moderna y coherente, ha terminado muchas veces confundiéndose y subordinándose a los sectores más conservadores y de extrema derecha, perdiendo así la oportunidad de ser una alternativa real de pensamiento liberal.
Es legítimo y necesario que existan corrientes liberales en el país: un liberalismo democrático, reformista y moderno, que defienda la inversión privada y la economía de mercado, pero que al mismo tiempo respete los principios democráticos, las instituciones y las libertades individuales sin concesiones al autoritarismo. El problema es que este esfuerzo suele diluirse en la urgencia política y en la tentación de alinearse con quienes más gritan, aunque representen lo opuesto a los valores liberales.
Si Lampadia, bajo el liderazgo de Pablo Bustamante Pardo, quiere realmente contribuir al debate nacional, necesita coherencia y perseverancia. Coherencia para marcar distancia frente al extremismo, aunque provenga de sectores con los que comparten la defensa del mercado; y perseverancia para insistir en construir una derecha liberal auténtica, que no caiga en el facilismo de convertirse en caja de resonancia de la derecha autoritaria y ultraconservadora.
La cita de Stefan Zweig, con la que Lampadia inspira su campaña, señala que las grandes verdades deben repetirse una y otra vez. Sin embargo, esas verdades deben ser consistentes con los principios que se proclaman. No basta con hablar de economía de mercado y democracia liberal; hay que defenderlas incluso cuando los aliados circunstanciales prefieren el autoritarismo, la exclusión o el retroceso institucional.
El Perú necesita una derecha liberal con voz propia, que no sucumba al extremo, que construya credibilidad intelectual y política, y que pueda dialogar con el país desde la democracia y no desde el miedo.
Ese es el desafío de Lampadia. Y ese es el compromiso que aún está pendiente.
