Opinión

Tribuno: ¿Guiar o confundir al ciudadano?

Una crítica necesaria al rol de Lampadia,  a partir del artículo de Alberto Bustamante

En toda democracia madura, los espacios de reflexión y producción intelectual cumplen un rol decisivo: ordenar ideas, ofrecer marcos analíticos claros y orientar a la ciudadanía, especialmente en momentos de crisis política. Cuando estos espacios fallan en esa misión, el daño que producen puede ser incluso mayor que el de la mala política coyuntural.

Ese es, lamentablemente, el caso de Lampadia.

Presentada como un referente del pensamiento liberal y de la derecha democrática, Lampadia ha terminado convirtiéndose en un espacio desubicado, sin un norte conceptual claro, más dedicado a la reacción política inmediata que a la construcción de una visión liberal moderna, democrática y reformista para el país.

Nuestra discrepancia con Lampadia no es menor ni superficial: es conceptual, estratégica y de fondo. Representa, hoy, la antípoda de nuestra mirada analítica y de nuestras ideas.

Los procesos electorales deberían ser los momentos más elevados de la democracia: instancias para evaluar el carácter de los candidatos, juzgar la solidez de sus planes de gobierno y educar al ciudadano en políticas públicas de largo plazo orientadas al bienestar general. Sin embargo, el discurso promovido desde Lampadia contribuye, más bien, a la confusión ciudadana.

En lugar de ofrecer análisis rigurosos sobre la realidad nacional, las restricciones institucionales del Estado, la inserción del Perú en el contexto internacional o las relaciones causa-efecto entre políticas públicas, se opta por un relato simplificador, polarizante y emocional, donde el análisis liberal es reemplazado por el reflejo automático del antagonismo ideológico.

El liberalismo no puede reducirse al anticomunismo visceral ni a la defensa acrítica del mercado. Un liberalismo serio exige compromiso con la institucionalidad democrática, la separación de poderes, el Estado de derecho y la responsabilidad política. Cuando estos principios se relativizan en función de cálculos coyunturales o afinidades ideológicas, el liberalismo se vacía de contenido y se convierte en mera consigna.

Lampadia ha fallado precisamente en ese punto. Al justificar alianzas incoherentes, minimizar quiebres programáticos graves y normalizar prácticas políticas que erosionan la gobernabilidad, termina avalando aquello que dice combatir. Lejos de contribuir a la formación de una derecha democrática moderna, refuerza una derecha reactiva, sin proyecto de país, atrapada entre el conservadurismo trasnochado y el miedo permanente a la izquierda.

Nuestra propuesta es distinta y claramente opuesta.

Creemos en una derecha liberal que no le tema a la democracia, que no necesite enemigos exagerados para existir y que sea capaz de formular un proyecto de futuro basado en reformas institucionales, modernización del Estado, fortalecimiento de los partidos políticos y empoderamiento de ciudadanos informados y críticos.

El país no necesita más indignación disfrazada de análisis. Necesita ideas claras, diagnósticos honestos y propuestas viables. Necesita una derecha liberal que eduque, no que alarme; que ordene, no que confunda.

Por eso la pregunta no es retórica, sino urgente:
¿Lampadia está guiando al ciudadano o lo está confundiendo?

Desde nuestra mirada, la respuesta es clara. Y precisamente por eso es necesario marcar distancia, disentir sin ambigüedades y proponer un camino distinto para el liberalismo democrático que el Perú necesita con urgencia.

Related posts

Tribuno: El reto pendiente de Lampadia

Manuel Cotillo

Antonio Castillo: La sorpresiva elección de José María Balcázar a no dudarlo, una hábil maniobra

Manuel Cotillo

¿Es suficiente reformar el Congreso o lo reemplazamos por una Asamblea Legislativa?

gigakorp

Leave a Comment

Este sitio web utiliza cookies para mejorar tu experiencia. Damos por sentado que estás de acuerdo, pero puedes desactivarlas si lo deseas. Acceptar Read More

Privacy & Cookies Policy