Cuando la moderación se convierte en una necesidad nacional
En una política peruana acostumbrada al grito, la descalificación, la sospecha y la confrontación permanente, toda actitud ponderada merece ser reconocida. No porque la moderación signifique renunciar a las convicciones, sino porque expresa una forma distinta de entender la responsabilidad pública: escuchar antes de responder, dialogar antes de confrontar y buscar soluciones antes que culpables.
En ese escenario, el comportamiento político que viene mostrando Alfonso López Chau, líder de Ahora Nación, merece atención y, sobre todo, un espacio de reflexión en los grandes medios de comunicación.
No se trata de convertirlo en una figura intocable ni de concederle una aprobación automática. En democracia, toda persona que aspira a ejercer poder debe ser examinada, cuestionada y fiscalizada. Pero una cosa es fiscalizar y otra muy distinta es condenar de antemano cualquier propuesta que no encaje en la lógica del enfrentamiento político.
El Perú necesita recuperar la capacidad de escuchar.
La política no puede vivir eternamente del conflicto
Durante los últimos años, la política peruana ha sido dominada por una dinámica peligrosa: cada diferencia se convierte en una guerra, cada crítica en una ofensa y cada adversario en un enemigo al que hay que destruir.
Esa lógica no ha producido mejores instituciones ni mayor bienestar. Por el contrario, ha profundizado la desconfianza ciudadana, ha debilitado la autoridad del Estado y ha convertido al Congreso, al Ejecutivo y a los partidos en espacios de permanente disputa.
En medio de ese panorama, una propuesta que apunte al diálogo, a la unidad nacional y a la búsqueda de acuerdos no debería ser recibida con indiferencia. Mucho menos debería ser silenciada por los medios que, en lugar de contribuir a la deliberación pública, terminan privilegiando el escándalo, la polémica y la confrontación.
La democracia no consiste únicamente en votar. También consiste en escuchar al que piensa distinto, reconocer el dolor de los ciudadanos y construir acuerdos sobre asuntos fundamentales.
Escuchar a las víctimas antes que negociar con el poder
Una de las posiciones más importantes expresadas por López Chau ha sido su pedido para que la presidenta Keiko Fujimori reciba a los familiares de las víctimas de las protestas.
El líder de Ahora Nación señaló que estaría dispuesto a reunirse con la mandataria, pero consideró que antes debería producirse un gesto político y humano: escuchar a los deudos, conocer sus demandas y atender directamente a quienes han sufrido la pérdida de sus familiares.
La propuesta tiene una importancia que va más allá de una eventual reunión política.
En una democracia, las víctimas no pueden ser consideradas un elemento incómodo de la agenda pública. Sus reclamos no deben ser utilizados únicamente durante las campañas electorales ni invocados para atacar al adversario de turno. Deben ser escuchados por quienes tienen capacidad de decisión.
López Chau recordó, además, el dolor de la familia de Remo Candia, víctima de las protestas contra el gobierno de Dina Boluarte. Describió el sufrimiento de su madre y de sus hermanos, y sostuvo que las familias deben tener la posibilidad de exponer sus demandas ante las autoridades.
Ese planteamiento expresa una idea elemental, pero frecuentemente olvidada: el poder político debe acercarse al dolor ciudadano, no esconderse de él.
Escuchar no significa prometer que todas las demandas serán atendidas. Significa reconocer la dignidad de quienes reclaman, explicar qué puede hacer el Estado y señalar con transparencia aquello que todavía no puede resolver.
Como ha señalado López Chau, en democracia algunas demandas podrán ser atendidas y otras no; pero aquellas que no sean atendidas seguirán siendo legítimamente reclamadas.
Esa es una concepción madura de la política. No ofrece soluciones mágicas, pero tampoco desprecia el sufrimiento de la población.
La unidad nacional no significa pensar todos igual
Otro aspecto relevante de su discurso es su llamado a construir una unidad nacional enfocada en resultados concretos.
El Perú no necesita una unidad basada en la obediencia, el silencio o la uniformidad ideológica. Necesita una unidad práctica, capaz de reunir a personas y organizaciones que piensan diferente alrededor de objetivos comunes.
Combatir la anemia, mejorar la seguridad ciudadana, recuperar los servicios públicos, impulsar la educación y promover el desarrollo económico no deberían ser banderas exclusivas de una organización política.
La anemia no pregunta por la ideología de la familia. La inseguridad no distingue entre izquierda y derecha. La falta de atención médica no reconoce partidos políticos. El desempleo y la pobreza no desaparecen porque los dirigentes se insulten en televisión.
Por eso, una política centrada en resultados debe ser bienvenida.
La unidad nacional no exige que todos pensemos igual. Exige que seamos capaces de ponernos de acuerdo en aquello que el país necesita con urgencia.
El Estado no puede ser una caja de reparto político
López Chau también ha planteado que el desarrollo depende de una buena gerencia y no solamente de pedir más dinero al Estado.
Esta afirmación merece un debate serio. Durante décadas, una parte de la política peruana ha reducido la gestión pública al anuncio de presupuestos, bonos, obras y transferencias, sin explicar con claridad cómo se administrarán los recursos, quién será responsable de los resultados y qué mecanismos impedirán la corrupción.
El problema del Perú no es únicamente cuánto dinero tiene el Estado. También es cómo se utiliza, quién lo administra y con qué controles.
La experiencia demuestra que un presupuesto importante puede terminar en una obra inútil, un servicio deficiente o una contratación cuestionada si no existe planificación, capacidad técnica y vigilancia ciudadana.
Por ello, hablar de gerencia pública, metas verificables, transparencia y resultados no debe ser considerado un discurso tecnocrático alejado de la gente. Por el contrario, es una necesidad concreta para un país cansado de promesas incumplidas.
La ciudadanía no necesita únicamente políticos que anuncien lo que harán. Necesita autoridades capaces de explicar cómo lo harán, cuánto costará y cuándo podrán ser evaluadas.
Una política exterior basada en los intereses del Perú
En el ámbito internacional, López Chau ha sostenido que el Perú debe mantener relaciones equilibradas, reconociendo tanto la importancia histórica de Estados Unidos como el peso económico de China, principal socio comercial del país.
Esta posición merece ser discutida sin prejuicios ideológicos.
La política exterior peruana no puede depender de simpatías personales, consignas partidarias ni alineamientos automáticos. Debe responder a los intereses nacionales.
El Perú necesita seguridad, inversión, mercados, tecnología, infraestructura y oportunidades para su población. Para alcanzar esos objetivos, debe relacionarse con todos los países que puedan contribuir a su desarrollo, sin entregar su soberanía ni convertirse en dependiente de una sola potencia.
La defensa nacional, el desarrollo económico y la política exterior deben formar parte de una estrategia coherente. No se trata de escoger entre una potencia y otra, sino de negociar con inteligencia y defender los intereses del país.
Los grandes medios también tienen una responsabilidad
En este punto, corresponde formular una pregunta incómoda: ¿qué espacio están ofreciendo los grandes medios a las propuestas ponderadas, reflexivas y no confrontacionales?
La política del escándalo suele tener más audiencia. Una declaración agresiva genera titulares. Una acusación sin pruebas produce polémica. Un enfrentamiento entre dirigentes alimenta los programas de opinión.
Pero una reflexión seria sobre la anemia, la gestión pública, la reconciliación nacional, la política exterior o la atención a las víctimas parece tener menos espacio.
Si los medios solo amplifican la confrontación, terminan contribuyendo a que la política se convierta en un espectáculo de insultos. Y cuando el espectáculo reemplaza al debate, la ciudadanía pierde la posibilidad de conocer propuestas, evaluar argumentos y comparar visiones de país.
Los medios de comunicación no tienen la obligación de respaldar a López Chau ni a Ahora Nación. Su deber es más importante: dar espacio a las distintas posiciones y permitir que la ciudadanía escuche, analice y decida.
Una democracia saludable necesita crítica, pero también necesita pluralidad. Necesita investigación, pero también necesita debate. Necesita denunciar los abusos, pero igualmente debe reconocer las actitudes responsables cuando aparecen.
No se debe confundir firmeza con agresividad
En el Perú se ha instalado una idea equivocada: que un político es fuerte cuando grita, insulta o amenaza; y que quien dialoga es débil.
La historia demuestra lo contrario.
La firmeza no se mide por el volumen de la voz, sino por la claridad de los principios. La autoridad no se construye mediante la humillación del adversario, sino mediante la capacidad de sostener una posición con argumentos. La conducción política no consiste en alimentar el caos, sino en ordenar las diferencias y convertirlas en decisiones.
Una actitud ponderada no significa pasividad. Escuchar a las víctimas no significa renunciar a la justicia. Buscar acuerdos no significa aceptar cualquier condición. Promover la unidad no significa ocultar las diferencias.
La verdadera responsabilidad política consiste en mantener las convicciones sin convertir al adversario en un enemigo irreconciliable.
El Perú necesita otra forma de hacer política
El país atraviesa una etapa de profunda desconfianza. La ciudadanía observa con preocupación la inseguridad, la corrupción, la precariedad de los servicios públicos, la crisis institucional y la falta de resultados.
En ese contexto, seguir alimentando el enfrentamiento puede resultar rentable para algunos dirigentes, pero es profundamente perjudicial para el país.
El Perú necesita una política que no renuncie a la crítica, pero que sea capaz de dialogar. Una política que no oculte los problemas, pero que tampoco los utilice como combustible para la división. Una política que escuche a las víctimas, respete las instituciones y priorice los resultados.
Por eso, las declaraciones y posiciones de Alfonso López Chau merecen ser escuchadas y debatidas con seriedad.
No se trata de otorgarle un cheque en blanco. Se trata de reconocer que la política peruana necesita más voces que propongan, expliquen, escuchen y construyan.
Si los medios, los partidos y las instituciones continúan premiando únicamente la confrontación, el insulto y el caos, el país seguirá atrapado en un círculo de crisis.
Pero si se abre espacio para el diálogo, la reflexión y la búsqueda de acuerdos, todavía será posible recuperar la confianza ciudadana.
El Perú no necesita más enemigos políticos. Necesita responsables públicos capaces de comprender que el poder no es una licencia para dividir, sino una obligación de servir.
