Política

José Jery: ¿Presidente limitado o líder en gestación?

Los límites y oportunidades de un gobierno nacido de una coalición desgastada

La llegada de José Jery a la Presidencia —producto del apoyo de la coalición que controla el Congreso y el Ejecutivo— parecería, en primera lectura, un gobierno sin independencia real, condenado a continuar una línea política cuestionada y con niveles históricos de desaprobación.

Esa coalición que lo llevó al poder ha gobernado entre controversias: crisis moral, escándalos, descomposición institucional y una ciudadanía cada vez más cansada. Desde esta perspectiva, Jery parecería tener un margen de maniobra mínimo, y su mandato estaría destinado a defender intereses ajenos más que los de la población.

Pero la política, como la historia, siempre guarda grietas inesperadas para los liderazgos emergentes.

Una oportunidad de oro en medio de la crisis

Justamente por el enorme desprestigio de sus aliados, la Presidencia de Jery puede convertirse en su gran oportunidad. Si logra diferenciarse, si gobierna con eficiencia, transparencia y sensibilidad social, la ciudadanía podría volcar expectativas en él, no en quienes lo rodean.

Un gobierno correcto, orientado a resultados urgentes —seguridad ciudadana, reactivación económica, integridad pública— podría generar algo hoy casi perdido en el país: confianza. Y esa confianza, en política, es capital.

La coalición podría sentirse inicialmente beneficiada: un buen gobierno los “limpiaría” parcialmente del lodo que cargan. Pero el riesgo para ellos también es evidente.

Cuando el hijo político supera al padrino

La historia latinoamericana está llena de líderes que fueron colocados en el poder como figuras manejables… hasta que adquirieron vuelo propio.

Jery podría decidir, llegado el momento, marcar distancia con los sectores que hoy lo sostienen y que mañana lo hundirían. Si se atreve a romper las ataduras sin dinamitar la gobernabilidad, su figura podría crecer vertiginosamente y convertirse en un actor político autónomo, competitivo, incluso determinante en el futuro inmediato del país.

Ese sería el punto de quiebre:
cuando la coalición intente controlarlo y él opte por representar a la nación antes que a sus operadores.

¿Tiene realmente posibilidades?

La respuesta es .
Porque la crisis es tan profunda, la inseguridad tan asfixiante y la decepción tan extendida, que cualquier mejora tangible será bienvenida con alivio por la ciudadanía.

Jery tiene enfrente un país desesperado por señales de decencia y eficacia.
Si las da, aunque sea moderadamente, su legitimidad podría construirse desde abajo, desde la calle, no desde el Congreso.

Y si falla, la coalición se hundirá con él.
Pero si acierta, el poder podría dejar de ser prestado para convertirse en propio.


Conclusión

José Jery no fue elegido para ser un líder. Fue colocado para administrar la continuidad.
Pero el poder, cuando se ejerce con inteligencia y conexión con la gente, puede transformar a los improvisados en estadistas.

Hoy, el destino del gobierno y el destino de la coalición están en sus manos.
Lo impredecible —y lo fascinante— es que tal vez, por primera vez,
su destino no dependa de ellos, sino de él.

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