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No se engañen: Fuerza Popular no renunció al poder, solo espera el momento

Que nadie se deje distraer por comunicados tibios ni por discursos de “madurez política”. Cuando Fuerza Popular dice que no impulsa hoy una vacancia presidencial, no está defendiendo la estabilidad del país: está administrando los tiempos del poder.

La historia política reciente del Perú enseña una lección clara: el fujimorismo nunca abandona un objetivo, solo cambia de estrategia. Y hoy, su estrategia es esperar.

A Fuerza Popular sí le convendría asumir el Gobierno, aunque sea por pocos meses. No para gobernar mejor, sino para capturar el Estado. Bastarían semanas para colocar cuadros clave, alinear mandos, influir en las Fuerzas Armadas y la Policía, y reconstruir relaciones de poder que luego resultan muy difíciles de desmontar.

No es una hipótesis paranoica. Es un patrón histórico.


El libreto es conocido

Un gobierno corto, nacido de una vacancia “accidental”, permitiría desplegar una gestión altamente efectista: operativos espectaculares, discursos de mano dura, anuncios rimbombantes contra la criminalidad. Acciones diseñadas para cámaras, no para políticas públicas sostenibles.

En un país cansado de la inseguridad, ese tipo de espectáculo vende. Y vende bien.

Con algunos meses de control del Ejecutivo, Fuerza Popular podría:

  • reconstruir legitimidad mediática,

  • generar respaldo en sectores golpeados por el miedo,

  • y, llegado el momento, crear las condiciones políticas para postergar elecciones o alterar el tablero democrático.

Así no se gana el poder por las urnas.
Así se entra por la puerta trasera.


El doble discurso como arma política

El reciente pronunciamiento del partido es revelador. Dicen que no se suman al “coro desestabilizador”, pero advierten que si la permanencia del presidente José Jerí se vuelve “insostenible”, harán “lo que corresponda”.

Esa frase no es prudencia institucional.
Es una amenaza en pausa.

Reconocen dudas, exigen investigaciones, deslindan hoy… para tener las manos libres mañana. No hay respaldo democrático, solo cálculo frío.

Y que nadie se equivoque: cuando el fujimorismo habla de “orden”, muchas veces se refiere a control; cuando habla de “estabilidad”, suele significar permanencia en el poder.


Advertencia final

El mayor riesgo no es Fuerza Popular actuando sola.
El verdadero peligro es que sectores de la oposición, por torpeza o conveniencia, terminen siendo tontos útiles de una operación que no controlan.

No jueguen con fuego.
No repitan errores que el país ya pagó demasiado caro.

La democracia peruana no se defiende con silencios cómodos ni con comunicados ambiguos. Se defiende desconfiando del poder cuando se disfraza de moderación.

Porque cuando Fuerza Popular dice “hoy no”, casi siempre significa:
“mañana, cuando nos convenga”.

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