Tecnología

Anthropic propone destinar un 5% de sus acciones a un fondo que aborde el impacto laboral de la IA

Una de las grandes preguntas que todavía no hemos logrado responder por completo es qué alcance real tendrá el impacto de la inteligencia artificial sobre el mercado laboral. Las previsiones van en direcciones muy distintas: hay análisis que advierten de una transformación drástica que ya estaría empezando a afectar especialmente a quienes buscan su primera oportunidad laboral, mientras que otras visiones más optimistas reconocen que vendrá un periodo de ajuste difícil, pero confían en que el balance total será positivo. Es precisamente ante esa incertidumbre cuando Anthropic ha dado un paso que ha llamado mucho la atención: ha anunciado que destinará una parte importante de su propiedad a un fondo diseñado para mitigar los efectos sociales de la expansión de la IA.

 

El plan consiste en ceder inicialmente el 5% de las acciones de la compañía a un Fondo de Beneficio Público, siempre que cuente con la aprobación de sus accionistas. Lo más singular de la propuesta es que no se queda ahí: por cada aumento del 50% en el valor de la empresa, el consejo de administración podrá sumar otro 2% adicional al fondo, partiendo de una valoración base que se definirá cuando la compañía dé el salto a bolsa. Con los compromisos sumados de los cofundadores y los empleados, la estimación es que cerca del 20% del valor total de Anthropic acabe destinado a este propósito a largo plazo. La estructura elegida es una compañía de responsabilidad limitada controlada por la propia empresa, no una fundación independiente, y sus reglas son claras desde el principio: los recursos solo podrán llegar a organizaciones sin ánimo de lucro, entidades científicas o proyectos de interés social, quedando expresamente prohibido destinarlos a grupos de presión económica o donaciones políticas.

 

El motivo principal que impulsa esta iniciativa es precisamente el mundo del trabajo. El Fondo Monetario Internacional calcula que casi el 40% de todos los empleos del mundo están expuestos en mayor o menor medida a los cambios que trae consigo la inteligencia artificial, y Dario Amodei, director ejecutivo y cofundador de Anthropic, ha sido muy explícito al señalar que la IA podría transformar o eliminar hasta la mitad de los puestos de entrada en oficinas en menos de cinco años. La empresa ya había comprometido anteriormente 200 millones de dólares para estudiar este fenómeno, pero reconoce que la magnitud del reto probablemente requerirá medidas aún más ambiciosas. «La IA puede generar un valor económico enorme, pero también podría provocar inestabilidad en muchos trabajadores», explican desde la compañía, recordando algo fundamental: quien pierde su puesto de trabajo rara vez dispone de ahorros o tiempo suficiente para volver a formarse y reinsertarse sin dificultad.

 

Para garantizar que el fondo mantenga su rumbo original, se han establecido mecanismos de protección: si en el futuro alguien llegara a adquirir el control de la mitad de la empresa o endeudarla de forma significativa, deberá comunicarlo con al menos cinco días de antelación, y el fondo dispondrá de capacidad de veto sobre esas decisiones clave. Es una forma de blindar su misión frente a la presión que suele aparecer cuando una empresa crece o entra en bolsa. Como señala el profesor Jens Dammann, especialista en derecho corporativo: «los directivos son elegidos por los accionistas, y estos se benefician si la empresa abandona sus objetivos sociales para centrarse únicamente en maximizar beneficios». No obstante, no faltan voces críticas: la profesora Ann Lipton advierte que los futuros accionistas tendrán una influencia muy limitada sobre estas decisiones, una dinámica que ya hemos visto en otras empresas tecnológicas de capital privado antes de su salida a bolsa.

 

El anuncio no tardó en generar respuestas. Una de las más llamativas llegó desde Elon Musk, quien publicó en su cuenta de X que entregar acciones directamente al público sería el camino correcto y prometió regalar una acción de SpaceX a cada niño en Estados Unidos el próximo año. La propuesta captó mucha atención, pero también puso sobre la mesa las dimensiones reales de ambos compromisos: con unos 72 millones de menores en Estados Unidos y un precio por acción de SpaceX en torno a los 146 dólares, el valor de esa donación rondaría los 10.500 millones de dólares. Por su parte, si la valoración de Anthropic al salir a bolsa se acerca a los 2 billones de dólares, ese 5% inicial del fondo podría valer unos 100.000 millones de dólares, diez veces más. Más allá de las cifras, lo que ambos anuncios reflejan es que el debate ya no es solo sobre qué hace la IA, sino quién se beneficia de ella y cómo se comparte su impacto. Es una conversión que apenas está empezando.

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