Tecnología

España dedicará 719 millones para construir una «Gigafactoría de IA» entre Madrid y Tarragona. De giga tendrá poco

 

El Consejo de Ministros de España ha dado un paso significativo al autorizar una inversión pública de 719 millones de euros con el objetivo de poner en marcha una llamada Gigafactoría de Inteligencia Artificial. La medida se enmarca dentro de la estrategia europea, que prevé movilizar hasta 20.000 millones de euros para este tipo de infraestructuras, pensadas para reducir la dependencia tecnológica exterior y avanzar hacia la soberanía digital. La propuesta española se presentará como una candidatura de varias sedes, concretamente en Móra la Nova (Tarragona) y San Fernando de Henares (Madrid), y se alinea con la red de centros de alto rendimiento como el ya conocido MareNostrum 5, integrado en el consorcio europeo EuroHPC. Desde el punto de vista político, la señal es clara y ambiciosa, aunque al analizar las cifras y el contexto internacional la perspectiva cambia notablemente: se trata de un esfuerzo relevante para el presupuesto nacional, pero muy lejos de las magnitudes que manejan los líderes mundiales del sector.

 

Para dimensionar el alcance real, la comparación con planes como el de China resulta muy ilustrativa: aunque su iniciativa se desarrolla a lo largo de cinco años, la inversión total es más de 400 veces superior a la española. Relacionado con la población, esto supone que China invierte unos 195 € por habitante, frente a los apenas 15 € por persona en España —casi 14 veces más—; respecto al PIB, el esfuerzo chino equivale al 1,5 % frente a cerca del 0,05 % del proyecto español, es decir, unas seis veces mayor proporción económica. Además, persisten muchas incógnitas prácticas: aún no se han definido con precisión los plazos, la composición final del consorcio que gestionará los fondos, ni las reglas detalladas de funcionamiento y acceso. Siguiendo el modelo de centros como el MareNostrum 5, se entiende que no será un servicio abierto al público general, sino una infraestructura dirigida a investigadores, empresas, pymes y entidades públicas, que deberán pasar por procesos de solicitud y evaluación para usarla, lejos del acceso directo y sencillo que ofrecen plataformas comerciales.

 

Hay también una diferencia fundamental entre ubicación y tecnología propia. Aunque la infraestructura estará en suelo español y europeo, los componentes esenciales siguen siendo ajenos: los procesadores y chips que darán potencia a esta gigafactoría serán, con toda probabilidad, de Nvidia y fabricados por TSMC, empresas que dominan actualmente la cadena de valor y que, a corto y medio plazo, siguen siendo insustituibles. Aunque España y la Unión Europea trabajan para reducir esta dependencia, el avance es lento y la brecha sigue siendo amplia. En resumen: la aprobación del proyecto representa un avance simbólico y estratégico, pero por ahora se mantiene más en el terreno de los anuncios y las intenciones que en el de la ejecución concreta. Quedan pendientes los detalles técnicos, los calendarios y, sobre todo, la capacidad de transformar esta inversión en resultados tangibles, eficaces y capaces de situar al país y al continente en una posición más sólida dentro de la carrera global por la inteligencia artificial.

 

 

 

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