Tecnología

He probado el Robot Phone de Honor. No sabía que le sacaría tanto partido hasta que lo tuve en mano

Vaya por delante algo: soy la antítesis de una creadora de contenido. Apenas subo cosas a mis redes y cuando lo hago, lo que comparto son cosas como una croqueta que se me ha quemado, un vídeo de mis perras donde la mitad de las veces se escapan del plano o una foto de la playa de Benidorm. Soy como mi tía Marisa o tu tío Antonio, vamos. Así que cuando vi por primera vez el resultado de una noche loca entre un móvil y un gimbal pensé: eso no es para mí. Menos de medio año después, resulta que ese prototipo es una realidad: el Robot Phone de Honor ya se puede comprar, de momento solo en China, y me he cruzado medio mundo para probarlo de primera mano, con las expectativas más bajas posibles.

 

Spoiler: resulta que estaba totalmente equivocada. El rato que ha estado entre mis manos lo he disfrutado muchísimo y enseguida me han venido a la cabeza decenas de situaciones cotidianas en las que este aparato me vendría de maravilla, incluso para alguien como yo que no dedica tiempo a perfeccionar sus grabaciones ni busca efectos espectaculares. A primera vista, se trata de un ejercicio de ingeniería realmente sobresaliente: cuando lo vi de lejos me recordó inevitablemente al DJI Osmo Pocket, pero al tomarlo plegado entre las manos mi primera pregunta fue cómo demonios caben tantos mecanismos en un espacio tan reducido. Honor ha conseguido integrar todo el sistema manteniendo un tamaño muy similar al de cualquier móvil de gama alta con batería generosa: mide 9,5 milímetros en su zona más gruesa y pesa 248 gramos, nada que resulte extraño o incómodo al llevarlo en el bolsillo. Su acabado mate con esquinas redondeadas transmite solidez y no destaca en absoluto frente a los modelos que vemos a diario. Basta con pulsar un botón en pantalla para que, tras una animación breve, se abra una pequeña compuerta trasera y surja un brazo articulado con su propia lente, en un movimiento suave, silencioso y casi mágico que transforma el teléfono en un equipo profesional en cuestión de segundos. Por supuesto, incorporar partes móviles añade complejidad mecánica y puntos que podrían sufrir desgaste o daños ante polvo o golpes, y aunque la marca somete todos sus dispositivos a pruebas rigurosas, solo el tiempo y el uso diario confirmarán su durabilidad a largo plazo.

 

Muchos dirán que es algo que nadie pidió, pero al probarlo cambias de opinión de inmediato. Es cierto que los gimbals tradicionales son artículos de nicho, y aunque casi todos los teléfonos actuales cuentan con sistemas de estabilización óptica o digital, la diferencia de calidad es abismal frente a un sistema mecánico dedicado. Yo misma adquirí hace años un gimbal sencillo para mis viajes laborales, pero terminó guardado en un cajón porque suponía llevar un objeto más, acordarme de cargarlo y sacarlo cada vez que quería grabar algo sencillo: al final siempre acababa usando solo el móvil por comodidad. Esa es precisamente la gran ventaja de este dispositivo: no hay accesorios extra, no hay que preparar nada, todo lo necesitas integrado en el mismo aparato que llevas siempre contigo. Y la estabilización es solo el comienzo: lo que realmente lo hace especial son funciones nativas como el seguimiento automático de objetos o personas, que funciona con una precisión impresionante. Ya no me pasará más lo de esos vídeos de mis perras donde al rato solo se ve el suelo o el cielo cuando se ponen a correr; podré registrar sus ocurrencias completas sin estar pendiente de mover yo la mano todo el tiempo. Cuando salimos a practicar pádel, podremos grabar nuestros partidos completos para revisar después la técnica sin que al cambiar de lado desaparezcamos del encuadre. En mis viajes, las vistas increíbles o los monumentos no quedarán arruinados por el temblor al caminar al grabar. Y en fiestas populares como San Fermín, podré seguir con total fluidez el recorrido de los gigantes, los kilikis o los zaldikos sin perderlos de vista ni tener que correr más de lo necesario para mantenerlos en imagen. Lo que parecía un lujo innecesario termina siendo una solución perfecta para todos esos momentos que solemos grabar de forma improvisada y que casi siempre salen movidos o mal encuadrados.

 

 

 

 

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