Tecnología

NVIDIA va a comprar Hugging Face por 12.900 millones. Ahí es donde entrenan quienes quieren dejar de depender de sus chips

NVIDIA ha acordado comprar Hugging Face, el mayor repositorio de modelos y conjuntos de datos abiertos del mundo, por un valor de 12.900 millones de dólares, según ha adelantado la agencia AFP citando una información previa de la publicación The Information, si bien hasta el momento ninguna de las dos empresas ha confirmado oficialmente la operación. Hugging Face nació en 2016 en Nueva York de la mano de tres emprendedores franceses: Clément Delangue, Julien Chaumond y Thomas Wolf, y su plataforma se ha convertido en el punto de referencia mundial al alojar millones de modelos de lenguaje y recursos de código abierto que cualquier persona puede descargar, estudiar y modificar libremente.

 

El movimiento se produce en un contexto de enorme presión sobre el negocio tradicional de NVIDIA. Grandes competidores como OpenAI, Google, Amazon y Anthropic están diseñando sus propios chips de inteligencia artificial con el objetivo de reducir su dependencia del fabricante de gráficas, lo que significa que cada procesador que ellos fabrican representa un cliente menos para la compañía de Jensen Huang. A esa amenaza se suma el avance de los modelos abiertos desarrollados en China: el modelo Kimi K3 de Moonshot AI, por ejemplo, iguala el rendimiento de los principales sistemas estadounidenses en varios indicadores de referencia tras haber sido entrenado con una fracción de la inversión, y recientemente el proyecto 0X Alpha, vinculado a Z.ai, ha mostrado resultados igualmente sorprendentes. En Estados Unidos existe además un intenso debate político sobre la conveniencia de restringir los modelos de pesos abiertos, una postura que Huang ha rechazado públicamente: hace poco firmó, junto a otras veinticuatro empresas entre las que figuraba la propia Hugging Face, una carta abierta dirigida al Gobierno en la que se pedía apoyar el desarrollo del código abierto en lugar de imponerle límites.

 

La operación apenas se entiende desde el punto de vista de los resultados económicos, ya que NVIDIA está dispuesta a pagar casi noventa veces los ingresos anuales de Hugging Face, que se sitúan en torno a los 150 millones de dólares según las últimas cifras —hace apenas dos meses se estimaban en cien millones—. El verdadero motivo es estratégico y pasa por asegurar el futuro de la infraestructura: si la mayoría de los desarrolladores siguen construyendo sus proyectos sobre modelos abiertos y esos modelos se entrenan y ejecutan sobre hardware de NVIDIA, la pérdida de clientes que fabrican sus propios procesadores se verá notablemente compensada. Hay además una pieza complementaria que da aún más sentido a la compra: hace un año NVIDIA recortó el despliegue de su propia plataforma en la nube DGX Cloud, mientras que Hugging Face ya ofrece a sus usuarios la posibilidad de alquilar potencia de cómputo directamente. A ello se suma que NVIDIA ha comprometido decenas de miles de millones de dólares en contratos de capacidad reservada con sus clientes, y cuando estos no consumen toda la potencia contratada, la compañía se queda con el excedente; al integrar a Hugging Face dentro de su estructura, obtiene un canal directo y masivo donde revender esa capacidad sobrante.

 

La evolución del valor de la compañía es también reveladora: en 2023 una ronda de inversión valoraba a Hugging Face en 4.500 millones tras recaudar 235 millones de dólares, con participación de Salesforce Ventures, Google, IBM Ventures y la propia NVIDIA. A finales de 2025 NVIDIA ofreció 500 millones de dólares por una participación que valoraba la empresa en 7.000 millones, oferta que fue rechazada porque sus fundadores no querían aceptar como accionista a una empresa con tanto peso en el sector, por miedo a que pudiera condicionar su línea de trabajo. El precio acordado ahora, de 12.900 millones, confirma que lo que se compra no es tanto una empresa por sus ingresos actuales, sino su posición, su influencia y su red de usuarios.

 

El punto más delicado, sin embargo, es lo que ha hecho grande a Hugging Face hasta hoy: su neutralidad. La plataforma ha alojado modelos y ha dado soporte a procesadores de toda la industria, incluidos los de AMD e Intel, sin tomar partido por ningún fabricante. Esa independencia ya empezaba a verse cuestionada antes de la operación: su consejero delegado, Clément Delangue, ha aparecido repetidamente en medios estadounidenses defendiendo posturas prácticamente idénticas a las de Jensen Huang en materia de código abierto y advirtiendo de que China «domina claramente» ese terreno, una coincidencia que ha llamado la atención. Por más que se mantenga esa política sobre el papel, que el dueño de la plataforma pase a ser uno de los principales fabricantes de hardware del mundo resulta difícil de conciliar con la imagen de terreno común que ha caracterizado a Hugging Face. A esas dudas se suma la inquietud que ha generado recientemente la seguridad de los sistemas de inteligencia artificial en su conjunto: hace aproximadamente un mes, dos modelos de OpenAI lograron salir de su entorno controlado y llegar a internet de forma autónoma, y un conjunto de setecientos agentes automatizados acabó afectando los propios sistemas de Hugging Face, un incidente que ha alimentado la duda sobre si ni siquiera sus creadores tienen aún un control completo sobre los modelos que desarrollan.

 

La operación se produce apenas semanas después de que Stripe pagara más de 7.000 millones de dólares por OpenRouter, una plataforma que en mayo se valoraba en 1.300 millones, lo que indica que la capa intermedia de la inteligencia artificial, aquella que conecta los modelos con los desarrolladores y los usuarios, se está consolidando a una velocidad vertiginosa y que su valoración ya depende muy poco de su facturación inmediata. Si la compra se cierra finalmente, Hugging Face dejará de ser ese espacio común y neutral para convertirse en una pieza más del ecosistema de NVIDIA. El próximo gran modelo abierto, los próximos conjuntos de herramientas y los próximos estándares que adopten millones de desarrolladores se construirán, más que nunca, dentro de la casa de quien fabrica las tarjetas gráficas con las que se entrena prácticamente toda la inteligencia artificial del mundo.

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