En los procesos electorales, tanto en el Perú como en diversas democracias del mundo, no resulta inusual observar campañas de destrucción política dirigidas contra candidatos que comienzan a consolidar un crecimiento sostenido en intención de voto. Este fenómeno suele intensificarse cuando un aspirante pasa de ser una figura secundaria a convertirse en una opción competitiva con capacidad real de disputar el poder. Ese parece ser el caso del Dr. López Chao.
En las últimas semanas, diversas encuestas lo han ubicado en una posición ascendente dentro de la contienda electoral. Si bien estas mediciones deben leerse con cautela —especialmente considerando los antecedentes cuestionados de algunas encuestadoras acusadas de sesgos o manipulaciones en procesos anteriores—, lo cierto es que reflejan un fenómeno político innegable: el incremento de su visibilidad y respaldo ciudadano.
Este crecimiento ha coincidido con la aparición de una campaña sistemática de cuestionamientos en su contra, principalmente a través de redes sociales. Analistas políticos advierten que muchas de estas acciones presentan características típicas de campañas coordinadas: contenido segmentado, repetición de narrativas negativas y difusión mediante cuentas vinculadas a empresas de marketing político digital, algunas de ellas registradas fuera del país, como en Ecuador.
El patrón es conocido. Se utilizan hechos parcialmente ciertos —o interpretaciones sesgadas de los mismos— para construir relatos que buscan erosionar la credibilidad del candidato. La estrategia no necesariamente apunta a debatir propuestas, sino a instalar dudas, generar desconfianza y debilitar la conexión emocional con el electorado.
Pero el fenómeno no se limita a ataques directos. También se ha observado el impulso mediático de otras candidaturas, como las de Nieto Montesinos y Sánchez, que hasta hace poco tenían escasa visibilidad. Según especialistas, esta maniobra podría responder a una lógica de fragmentación del voto: dividir el respaldo hacia opciones cercanas ideológicamente a López Chao para impedir que consolide una mayoría suficiente que le permita pasar a una eventual segunda vuelta.
Este tipo de estrategias ha sido documentado en múltiples procesos electorales internacionales. La fragmentación del voto opositor o de un mismo espectro político ha facilitado, en más de una ocasión, que candidatos con bases más cohesionadas —frecuentemente asociados a sectores conservadores— logren avanzar en la contienda.
Sin embargo, la historia electoral también muestra que estas campañas no siempre producen los resultados esperados. Existe lo que algunos analistas denominan un “efecto rebote”: cuando la ciudadanía percibe una ofensiva desproporcionada o injusta, puede reaccionar en sentido contrario, reforzando su apoyo al candidato atacado. Este “sexto sentido” del electorado, basado en intuiciones colectivas sobre equidad y autenticidad, ha sido determinante en más de una elección.
En el caso de López Chao, su perfil profesional, discurso y posicionamiento político han comenzado a resonar en sectores que buscan alternativas distintas a las opciones tradicionales. Este crecimiento, precisamente, podría explicar la intensidad de los ataques.
A medida que avance la campaña, será clave observar si estas estrategias logran influir en la intención de voto o si, por el contrario, terminan fortaleciendo al candidato. Lo que sí parece claro es que la contienda ha entrado en una fase donde la disputa ya no es solo programática, sino también narrativa y simbólica. Y en ese terreno, la percepción ciudadana será, como siempre, el factor decisivo.
