Tecnología

«Ahora somos SpaceXAI»: las dos empresas de Elon Musk se fusionan porque a Wall Street le pirra la simplicidad

 

 

 

SpaceX y xAI dejan de existir como marcas independientes para unirse bajo el nombre de SpaceXAI. El cambio va mucho más allá de lo formal: marca un giro estratégico claro, ya que la compañía se presenta ahora ante el mercado financiero como una empresa de inteligencia artificial que además lanza cohetes, y no al revés.

 

Esta modificación supone el broche final a una operación que se cerró a principios de febrero, cuando SpaceX adquirió el 100% de xAI —incluyendo el modelo de lenguaje Grok y la red social X— en un intercambio de acciones que valoró a SpaceX en un billón de dólares y a su filial de IA en 250.000 millones. Más allá de la imagen, el cambio de nombre responde a una demanda de simplificación que valora mucho Wall Street: al agrupar marcas que antes parecían actuar por separado, se transmite la idea de un proyecto unificado y con una visión común.

 

Pero hay también razones técnicas y de negocio muy sólidas detrás de esta unión. El objetivo de fondo es hacer realidad el proyecto de los centros de datos orbitales: Elon Musk sostiene que la infraestructura terrestre no podrá hacer frente a la demanda energética y de cálculo que exigirá la IA en los próximos años, y SpaceX ya ha solicitado permiso a la FCC para poner en órbita hasta un millón de satélites que funcionen como nodos de procesamiento en la baja atmósfera. Tener ambas áreas integradas facilita enormemente el desarrollo de este ecosistema.

 

La decisión llega solo unas semanas después de que la compañía hiciera su entrada en bolsa en junio, en la mayor oferta pública de venta de la historia: recaudó 75.000 millones de dólares y alcanzó una valoración de 1,77 billones. Antes de ese salto, la propia empresa calculó su mercado potencial total en 28,5 billones de dólares, de los cuales la inmensa mayoría —26,5 billones— corresponde a servicios de IA, 1,6 billones a conectividad mediante Starlink y solo 370.000 millones al sector espacial propiamente dicho.

 

Todos los activos clave se mantienen bajo el nuevo paraguas: el modelo Grok sigue operativo, al igual que los acuerdos de infraestructura ya firmados —entre ellos el de Anthropic, que pagará 1.250 millones de dólares al mes por acceder a la capacidad de cálculo de los centros Colossus, y el de Google, que abonará 920 millones mensuales por el mismo servicio—. También se refuerza el desarrollo de Cursor, el asistente de programación que se ha convertido en una pieza clave para atraer clientes empresariales.

 

Por último, la consolidación plantea una nueva pregunta: ¿será Tesla la siguiente en integrarse? Ya se habla de una clara convergencia entre ambas compañías, y su presidenta Gwynne Shotwell no descartó avances en ese sentido. De hecho, la inversión de 2.000 millones de dólares que Tesla mantiene en SpaceX ya ha generado una ganancia cercana al 64% en papel tras la subida de sus acciones. Según el analista Dan Ives, hay un 80% de probabilidades de que la fusión se materialice, mientras que los mercados de previsión calculan en un 51% las posibilidades de que ocurra antes de mayo de 2027. El camino ya está iniciado: ambas empresas comparten equipos de ingenieros y se enfrentan a los mismos retos de suministro eléctrico y refrigeración para sus sistemas de inteligencia artificial.

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