El primer mensaje a la Nación de la presidenta Keiko Fujimori generó las primeras reacciones del nuevo escenario político. Una de las más críticas provino de Ernesto Zunini, diputado electo y secretario general de Juntos por el Perú, quien afirmó que el discurso representa «la continuidad de un gobierno parlamentario» y cuestionó la falta de autocrítica, así como una supuesta desconexión con la realidad que viven millones de peruanos.
El legislador sostuvo que la composición del nuevo equipo de gobierno, integrado por exfuncionarios de distintas administraciones, evidenciaría una continuidad política antes que un cambio de rumbo. En esa misma línea, señaló que el país necesita resultados concretos y no la repetición de promesas o discursos conocidos.
Estas declaraciones forman parte del debate político propio de toda transición de gobierno. Sin embargo, la pregunta de fondo no debería limitarse a determinar quién tiene la razón.
El verdadero desafío
La política peruana continúa organizada alrededor de una lógica que enfrenta oficialismo y oposición, gobierno y Parlamento, izquierda y derecha.
Sin embargo, mientras el debate permanece concentrado en esas categorías, el mundo atraviesa una transformación mucho más profunda.
La inteligencia artificial, la automatización, la ciencia de datos, la biotecnología y la economía del conocimiento están modificando la forma en que producen las empresas, aprenden las personas, se organizan los Estados y evolucionan las sociedades.
El Perú no escapa a esa realidad.
La pregunta ya no debería ser únicamente si un discurso resulta convincente o decepcionante.
La pregunta verdaderamente importante es otra:
¿Está el sistema político peruano preparado para conducir una sociedad que cambia más rápido que sus propias instituciones?
El fenómeno que la coyuntura oculta
Mientras el país discute la composición del gabinete o las primeras decisiones del nuevo gobierno, millones de ciudadanos enfrentan desafíos mucho más concretos.
Persisten elevados niveles de informalidad laboral.
Miles de estudiantes continúan sin acceso adecuado a Internet.
Las pequeñas empresas encuentran enormes dificultades para acceder al financiamiento y a la innovación tecnológica.
La productividad permanece estancada en amplios sectores de la economía.
La transformación digital avanza de manera desigual entre regiones.
Todos estos problemas tienen un denominador común.
No reflejan únicamente diferencias políticas.
Reflejan una organización institucional que aún no logra incorporar plenamente el conocimiento, la tecnología y la innovación al funcionamiento cotidiano del país.
La lectura de Mudo Social
Desde la perspectiva de Mudo Social, el principal debate nacional no debería centrarse exclusivamente en si un gobierno representa continuidad o cambio.
La cuestión fundamental consiste en determinar si las instituciones del Estado están aumentando o reduciendo la capacidad del país para resolver sus problemas estructurales.
Una democracia del siglo XXI no puede evaluarse solamente por la calidad de sus discursos.
Debe evaluarse por su capacidad para transformar conocimiento en bienestar.
Cada política pública debería responder preguntas concretas:
¿Reduce la informalidad mediante mayor productividad?
¿Amplía el acceso al conocimiento?
¿Facilita el desarrollo de las micro y pequeñas empresas?
¿Acerca la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías a todos los ciudadanos?
¿Fortalece las capacidades de las personas para construir su propio futuro?
Si la respuesta es negativa, el problema ya no pertenece únicamente a un gobierno.
Pertenece al sistema.
Más allá de la confrontación
El Perú necesita una oposición responsable que fiscalice.
Necesita un gobierno que gestione con eficiencia.
Pero, sobre todo, necesita instituciones capaces de aprender, innovar y corregir permanentemente sus propios errores.
Las sociedades más avanzadas no progresan porque sus dirigentes pronuncian mejores discursos.
Progresan porque construyen sistemas capaces de identificar rápidamente sus fallos y corregirlos utilizando el mejor conocimiento disponible.
En una época donde la inteligencia artificial comienza a transformar la economía, la educación, la salud y la administración pública, continuar reduciendo el debate nacional a la confrontación política tradicional corre el riesgo de distraer al país de los desafíos verdaderamente decisivos para las próximas décadas.
La pregunta que deja esta noticia
Más allá de las críticas o de los respaldos al discurso presidencial, el Perú debería preguntarse:
¿Qué reformas institucionales necesita para que el Estado deje de administrar problemas heredados y comience a utilizar el conocimiento, la ciencia y la inteligencia artificial para resolver de manera estructural los grandes desafíos nacionales?
Quizá esa sea la discusión que marcará el futuro del país mucho más que cualquier discurso pronunciado desde el poder.
